Monday, August 31, 2009

Próceres con ondita

Nuestros héroes patrios eran generalmente señores de pelo relamido:


Bigote tostado:


Barbas misteriosas que les salían como de las orejas:


Las mismas que les cubrían bocas que parecían inexistentes y moverían chistoso al hablar:



Padecían comezón abajito de la chichi derecha por una alergia al suavizante de tela:



Y se agarraban la mano del cinturón porque se les caía.


Pero el otro día estaba en en los Pinos y se me antojó un vaso de leche a las tres de la mañana. Dejé mis habitaciones y en una exposición descubrí a Leandro Valle:



Otro niño héroe que a los 14 años ya era Subteniente, combatió a los polkos y a los rebeldes poblanos y al chupacabras y a la mara salvatrucha, era amigo de Benito Juárez y murió a los 28 años, tan joven él. Pero hubiera jurado que lo he visto con su playera negra de Metallica y botas industriales en el estacionamiento de CU. O patinando con los eskatos del circuito interior, esa barbita de chivo sólo tiene cabida en el Chopo. Y seguro tiene piercing en la lengua. Pero claro, la historia se ha encargado de arrebatarle toda su ondita y lo hizo pasar por la máquina monografizadora para acabar así en todas las monografías:



Con cara de angustia revolucionaria.



O así, basado en la misma foto de arriba pero bizco y con el ceño fruncido, porque los próceres deben ser adustos y malencarados. Y miren el favor que le hicieron inmortalizándolo en timbres postales:



Así mejor quédense con sus homenajes.

Monday, August 24, 2009

Mujer que come mango en el micro



Así se llamaría si fuera un cuadro de Van Gogh, pero en ausencia de tan grande artista, otro debe tomar su lugar para retratar esos que hoy son fantasmas del pasado, los microbuses y su fauna y flora endémica.

¡Albricias! Los micros han muerto. No más tambora sinaloense a todo volumen, no más luz negra, no más frascos de crema Nivea haciendo las veces de lámpara, no más choferes cholos adoradores de la Santa Muerte, no más tus rodillas en la garganta, no más señores que cobran con las manos llenas de hongos, no más la esposa la amante y la otra sentadas en el motor caliente, no más vendedores ambulantes, no más emepetrés y promociones de la agencia de publicidad Samsung.

Celebremos con ella, la comemangos. La amé, adoré y sólo un momento admiré por su valor y entereza sinigual, pues yo nunca tendría los arrestos domiciliarios necesarios para cometer una hazaña de ese tamaño. Tengo fobia a comer mango pues desde pequeño escurríame hasta los codos, sin mencionar cachetes y orejas. Y ella lo hizo en el micro. Debí tomar otra fruta de la temporada y brindar con ella.