Tuesday, June 16, 2009

Mi Cachu acaba de morir

Todavía lo alcancé calientito. Porque claro, estaba en la agencia haciendo el trabajo de alguien más. Pero he de cobrarme con sangre, sudor y dólares. Porque nada como la venganza para salir de un duelo. Soy el peor entre los peores.

Qué horrible cargarlo por última vez.

Por eso los como yo no tenemos mascotas ¿Cuándo las harán inmortales?

Las pobres no tienen alma inmortal con la que negociar. Mañana lo llevo a incinerar y un miércoles de estos descansará en sus frentes hasta el fin de los tiempos.

Digan adiós a Cachu, que por él doblan las campanas.

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Wednesday, June 10, 2009

Post NO dedicado a los fans de Metallica



Este post no está dedicado a los fans de Metallica. De cualquier forma les dejo la foto de esta belleza para que se den una idea de cuán chulas serían sus hijas si sus sueños de calentura adolescente se hubieran hecho realidad. Pero vuelvo a un tópico mucho más importante y que a todos debe ocuparnos. Yo.

Llegué al Hospital Español de madrugada cuando decidí que mi vista valía algo más que un cacahuate y contemplé la horrible posibilidad de no volver a verme jamás. Al entrar, lo primero que encontré fue un montón de doctores chacoteando en una banca fuera del hospital muy a lo Grey's Anatomy, como esperando a que llegara un paciente con bomba o les cayera una estalactita asesina.

La gente me veía raro porque llegué por mi propio pie y no me escurría sangre, ni lagrimones, ni me colgaba un ojo de la cuenca, pero después de insistir un poco, contarles mi triste historia y firmarles un montón de papeles donde juraba por la Vírgen de la Macarena que no huiría por una ventana con sus vendas, sus yesos y sus venoclísis, me pasaron a un cuarto donde me recibió Lolita, una de esas enfermeras bonachonas que exigen que las llames en diminutivo. Me pasó a un cuarto y procedió a hacer realidad una de mis más oscuras pesadillas cuando dijo:

-Quítese toda la ropa y póngase esta bata.

La famosa batita de humillación médica que asoma las nalgas y te obliga a dar vueltas como persiguiéndote la cola para intentar amarrarla. Ni modo. De nada servirían mis calzones de desmayar, los mismos de accidente automovilístico y operativo antidrogas en el aeropuerto. Y en eso dijo:

-Sólo déjese la trusa...

Vaya, mis calzones de desmayar cumplirían su destino manifiesto, fascinar y seducir la mirada de paramédicas y profesionales de la salud que de otro modo caerían muertos ante la empírea visión de mi cuerpo desnudo. Así, como Zeus, nomás que yo no me convierto en cisne.

En fin, que Lolita me dejó solo para ponerme la bata. Y una vez que hube cubierto mi casi desnudez, procedí a llamarla. Me pidió me acostara en una cama, me cubrió con una sábana cuan amorosa abuelita y me pidió esperara a los médicos. En eso, mientras miraba el techo y contaba el instrumental médico a mi alrededor, entró una mujer acompañada de dos tipos que dijeron ser los médicos y me bombardearon con preguntas.

Con tres estetoscópios escucharon mis ruidos internos todos a un tiempo como en una abducción extraterrestre, miraron mis ojos, palparon mis carnes, midieron mi temperatura y mis capacidades sensoriales extraordinarias. Y al final los tres dijeron a coro:

-Está perfecto.

Pe-pe-pero, mi visión periférica y...

-Honestamente, no tenemos idea de qué pueda ser, pero si vuelve a repetirse...

Si vuelve a repetirse volveré por sus cabezas en venganza por su negligencia médica. Y perseguiré a sus hijos y a los hijos de sus hijos y a los nietos de los hijos de sus nietos.

Entonces me sugirieron una tomografía. Lolita me cubrió con una cobija hasta las orejas "porque vamos a salir al aire..." y me empujó en la cama que ahora se volvía camilla por pasillos en los que alcanzaba a escuchar las murmuraciones de la gente y los médicos...

-Miren, ahí va el publicista hipocondriaco, creativo de la enfermedad...

Me metieron a una suerte de licuadora humana en la que todo daba vueltas menos yo. Sacáronme y paseáronme por el mismo camino. Y siete mil pesos después, regresaron sólo para decirme que habían visto la tomografía y no tenía nada más que tres lóbulos cerebrales perfectamente funcionales.


Pamplinas.

Monday, June 01, 2009

Pesadilla saramáguica

Cuando escuchaba eso de "Ensayo de la ceguera" me preguntaba si se referían a un ensayo de esos escritos que hay que entregar en la escuela, o más bien hablaban de un ensayo con la maestra del kinder que iría más o menos así:

"A ver niños, ora sí, cuento tres y todos cierran sus ojitos..."

Pero un día me regalaron el libro y supe por fin que es Ensayo "sobre" y no "de" la ceguera. Lo malo es que lo guardo con mucho cariño pero no lo he leído jamás. Aunque debería hacerlo después de lo que sucedió el jueves.

El sol se había puesto ya y revisaba los detalles de una presentación que teníamos al día siguiente con unos clientes de Miami. Iba y venía de un lugar a otro practicando mi inglés con acento cubano, cuando de repente, comencé a ver manchas de luz. Asumí que era el fosfeno resultante de haber visto una luz muy brillante y seguí en lo mío. Pero entonces, recordé que no había una sola luz o mente brillante a mi alrededor.

¿Sería un desmayo? ¿Cómo son? ¿En los brazos de quién caería? ¿Me encuerarían? ¿Robarían mis zapatos? ¿Despertaría con un beso de amor? ¿Traigo mis calzones de desmayar? Sin decir a nadie volví a mi lugar para observarme un rato. Miré a mi alrededor buscando la falla, pero no me dolía nada ¿Sería un infarto? ¿Aneurisma? ¿Glaucoma? ¿Coma diabético? ¿Hipertensión? ¿Migraña? ¿Vertigo de Meniere? ¿Tumor cerebral? ¿Moriría en la agencia? ¿Traigo mis calzones de desmayar?... No eran el tipo de luces que aparecen cuando baja la presión. Miré mis manos. Ahí seguían ¿Por qué en las películas la gente mira sus manos cuando pierde la conciencia o se está transformando en lobo? Entonces intenté leer y un escalofrío recorrió mi espina.

Vivía la pesadilla más horrible que alguien como ustedes y yo puede experimentar. En lugar de ver toda la página y leer el texto de un golpe y como un relámpago, sólo distinguía una palabra a la vez. Todo lo demás era una nube borrosa de luz. Leer era un suplicio y de repente comprendí a aquellos mis compañeritos burros que leían... Ra-za-pu-jan-te-de-nues-tra-me-ri-ca-he-cha-de-ba-rro-co-ci-dal-sol... Y como no comprenderlos si me estaba volviendo uno de ellos ¿Qué sería de mí?

Entendí entonces que había perdido la visión periférica, esa que es tan difícil de explicar porque nadie sabe que tiene visión periférica hasta que la ve perdida. Me levanté de un salto y corrí a un espejo a comprobar mi teoría. Y ahí estaba, frente a mí. Podía verme claramente, pero sabía que algo andaba mal, hice pruebas con mis dedos y efectivamente, mi campo visual se había reducido en suficientes grados como para volverme en otra cosa que no soy yo. Regresé a mi lugar y seguí trabajando en mis pendientes, regañándome a mí mismo por no botarlo todo e irme al hospital o al castillo de Balmoral.

Y de repente, pasó.

Todo era normal, pero yo seguía enojado conmigo por no escuchar a mi cuerpo escultural y salir corriendo de inmediato. Sentía mi tiempo perdido y refunfuñé en mis adentros hasta que por fin me salí.

Una vez en mis aposentos, me pregunté que debía hacer. Mi vista había vuelto a su naturaleza perfecta y me sentía bien, pero comprenderán que siendo un prodigio de salud y belleza, esto no me parecía poca cosa y mi médico opinó lo mismo. Así que aunque a deshoras, me encaminé a la sala de urgencias.

Elegí el Hospital Español porque es el único que tiene gelatina sabor morcilla -mi favorita- además de las ricas variedades de chistorra, paella y chorizo, que en caso de ser internado, harían mi estancia más llevadera...

Esperen. Ahorita les cuento de mi aventura en el hospital...