Tuesday, November 25, 2008

Autoestima Tupperware a Prueba de Derrames

La chica de Argentina es muy simpática y dicharachera ella. Pero su simpatía y sus dichos no la libraron de tremendo derrame en el ojo que lucía más o menos así:



Y ahí andaba la pobre toda asustada, con un ojo bueno y el otro a punto de reventar, pensando que la había atacado un virus mexicano que la devoraría por dentro empezando por el ojo porque a los virus mexicanos les gusta el taco de ojo.

Y luego la gente tan discreta, cada que la veía hacía cara de horror y repelús con frases como:

¡Ay, tu ojo!
¡Ahhrrgh, qué te pasó!
¡No me mires de frente, que siento horrible!
¿Te duele?

Y no les importaba terminar con su autoestima porque piensan que los argentinos tienen autoestimas a prueba de balas y derrames oculares.

Pero en fin, que con todo y derrame el otro día empezó con que quería una pava. Y sí, esa misma cara hicimos nosotros, porque lo primero que nos vino a la mente fue esto:


Una Pava.

Pero no, ella quería una cosa para calentar el agua para su café. Eso que buscas se llama olla -Dijeron todos-

Y ella repuso:

No, la olla es para calentar el agua de los fideos, la pava es donde se calienta el agua para el café.

Pero en México se hace el café en olla y por eso hay café de olla y no café de pava. ¿Entonces en qué calientan y el agua para sus fideos? -Exclamó-

Pues en una olla

¿Y el estofado?

En una olla.

¿Y hervir el agua?

En una olla. Y el mole y el engrudo para la piñata y la barbacoa. Ah no, esa en un hoyo, lo que nos trae de vuelta al dilema pava-pavo, olla-hoyo.

Por qué todo en una olla. No sé bien si porque todo lo hacemos en el mismo traste, o porque todos los trastes se llaman olla.

Monday, November 24, 2008

Huele a traste, a traste huele

El típico chiste sin chiste que cuenta la gente que se siente graciosa y que además repite a cada rato como si se le olvidara que ya lo había contado en tu presencia y no se hubiera dado cuenta que a nadie le causa gracia desde la primavera del 76.

A la agencia acaba de llegar una chica desde la Argentina que lavaba su cabello todas las mañanas en el mismísimo Río de la Plata y que dice que no soy mexicano, porque no hablo como mexicano, pues no digo pinche, ni güey, ni no manches, ni respondo ¿mande? cuando me hacen una pregunta, ni un montón de cosas que dicen mis compañeritos.

¡Mande!

Pues no, cómo que mande, mande qué, pues ni que fuera yo qué cosa. Qué triste yo. No había caído en cuenta lo mucho qué me pierdo al no hablar tan bonito y pintoresco lenguaje.

Pero esa no fue su única sorpresa güey, lo peor güey, fue cuando conoció los baños mexicanos güey y se dio cuenta que acá no existe el bidé güey porque los mexicanos consideran aberrante güey que un chorrito de agua fría toque sus partes pudendas güey, y además tener que meter las manos güey y tocarse por allí esas cosas güey, si ni siquiera se las han visto güey , no tienen el gusto, no mames.

El bidé es ese mueble para lavarse los rincones de uno, del que ya les hablé alguna vez y que a los mexicanos les horroriza en general porque qué es eso de andarse enjuagando los rincones de uno.

Y si eso se les hace poco, agréguenle cuando la inocente fue al súper mercado y se encontró con este producto, infaltable en los hogares mexicanos:



Jabón lavatrastes. Ya sea en polvo, pasta o esas nuevas versiones líquidas que humectan las manos y hacen crecer las uñas y adelgazar los dedos, pero todos sirven para una cosa; lavar los trastes.

Nada más que para ella un traste, es esto:



No el calzoncito, no el mensaje, ni la cadenita que cuelga con una calaverita. Los cachetitos que sonríen turgentes, las nalgas, el trasero ¿Cómo le explicas que los mexicanos no usan bidé para lavarse el cabuz, pero en la tienda encuentras un jabón especial para lavar el traste?

Y seguramente cuando alguien le diga “Ya me voy porque tengo un montón de trastes que lavar” a su cabeza llegarán imágenes como esta:



Todos a lavar sus trastes.

Friday, November 21, 2008

Arriba el manifiesto

Creo que uno de los vigilantes de la agencia hizo un juramento o una apuesta pero el chiste es que no sabe decir "llegar" ni "decir".

Me explico:

Salí a recibir un batido de rompope y coco que pedí de una república bananera cercana y me dijo:

Me manifiestan allá abajo que no ha arribado su pedido.

¿A ver, cómo estuvo eso? Sólo para verificar que estaba escuchando bien, volví a preguntarle y me dijo:

Como le manifesté, todavía no arriba lo que pidió, pero en cuanto arribe, le llamaré.

Qué complicado, entonces para él los dichos son manifiestos y hace de frases coloquiales y sencillas cosas como esto:

Corre, ve y manifiéstale.

Manifiesta mi mamá que siempre no.

Manifiestan por ahí.

Manifiesta por qué, manifiesta abuelita, manifiesta por qué, eres viejita...

Del manifiesto al hecho hay mucho trecho.

Odio manifestar te lo manifesté, pero te lo manifesté.

Esa canción me arriba al corazón, es muy arribadora.

¡Arríbale a esa torta que se enfría!

En cuanto arribes, avísame.

Arribará el día en que te arrepientas.

El momento ha arribado.

La chica más popular del colegio me arribó a la hora del recreo.

Qué florido su lenguaje.

Wednesday, November 19, 2008

Yo no quiero boletos para Radiohead ni para Madonna

Y me niego a pelear por boletos o angustiarme para conseguirlos por teléfono o internet, cuantimenos a hacer la fila interminable, porque la gente que hace fila es muy rara y siempre te hace la plática y tu les tienes que seguir la corriente porque sabes que te apartarán tu lugar si tienes que ir a hacer pipí. Si saben lo que les conviene Madonna y Cabezaderadio mismos me invitarán.

Anoche hacía tanto frío que no sentía detrás de mis orejas y asumí que tenía un tumor cerebral. Ya después me di cuenta que era sólo que estaba apretando los músculos de mi cabeza hasta niveles insospechados, a punto de sacarme moronga y sesos. Así que me relajé.

Este frío está bueno para ponerse abrigos de piel y encender la chimenea y usar esas cosas que se meten entre las sabanas para calentar la cama.


Esos.

Me fascinan y me recontraencantan porque en el pasado las he usado como sandwicheras, máquinas de hot cakes y armas homicidas. Nada como una bonita y redituable inversión.

Lo malo de este clima es que la gente pierde la sensibilidad en nariz y dedos de los pies y no se da cuenta que anda con un moco colgando hasta el hocico ni siquiera cuando se le seca y se le vuelve una horrible costra o le escurre hasta los pies, porque ahí tampoco sienten.

Aquí todo es locura porque es una agencia de publicidad, pero más porque todos quieren boletos para Radiohead. Así como hace unos meses querían para Madonna. Me dan ternura las histerias colectivas. Imagínense nomás a todos estos inocentes formados con su nariz moquienta y sus caras rojas irritadas esperando por un boletito. Inconcebible. No iré a ninguno de los dos a menos que alguien me invite. Y que sea en las primeras filas porque no quiero ir a ver el circo de pulgas.

Tuesday, November 18, 2008

Cuando dejo de postear, lo hago más extraño que de costumbre

El avión estrellado y la destrucción que consigo trajo es una prueba más de que las Lomas de Chapultepec son una zona de pecado que Diosito en los cielos busca destruir a falta de un hombre justo y libre de culpa. Por eso los aviones caen el mero día en que no estoy. Por eso o porque el mismo Diosito hierve de furia cuando no posteo. Así que por si las moscas y los aviones, comenzaré a hacerlo periódicamente para apaciguar su ira y su rigor.

Y hablando del Señor y sus moscas, el otro día maté una de ellas:


Pobrecita, tan indefensa ella.

Fue sin querer. La aplasté así nomás, con el mouse como el Karate Kid, el puro reflejo samurai. Y cada vez que lo toco, me asquea pensar que está manchado de sangre y mosquicidio y ese relleno amarillito que tienen las moscas.

Mi madre estaría feliz. Sucede que muy pequeño, entendí de pronto que las criaturitas estas aunque pequeñas, peludas y repugnantes tenían un propósito y me negué a matarlas. Así que el día que una plaga de hormigas invadió la casa, en lugar de prenderles fuego o bañarlas de veneno las hacía a un lado soplándoles para que encontraran un mejor rumbo y decidieran irse.

Entonces mamá en su profunda sabiduría, entendió que si no quería matarlas, seguramente yo las había traído. Y así fue como me culpó por esa plaga y todas las de la Biblia y la antigüedad.

Además del avión y la fuga de perfume que no era gas, durante mi ayuno posteríl sucedieron muchas cosas, entre ellas, mi cumpleaños número **, fecha celebrada por reinos del mundo con 200 cañonazos, sacrificios humanos y días feriados, pero que aquí en la agencia me festejaron así:


Plop y recontraplop.

Los quiero mil. Y casi casi que me visten un burro. Por eso los quiero milochocientos.

Ya voy a postear seguido para que Dios no nos castigue.

Esas fotos son desde el iPhone de Victor porque el mío se resiste a tomar imágenes.

Wednesday, November 12, 2008

Soy el consentido del Niño de Atocha

Sí, un avión cayó muy cerca de mi agencia. Como lo leen. O como seguro deben haberlo leído en otro lado ya porque sucedió hace una semana. Pero no cayó sobre mí y no escribo desde ultratumba. Fue uno de esos eventos cuyas probabilidades resultan remotísimas, aún menores que aquellas de morir en un accidente aéreo, que son algo así como una entre 3.3 millones.

Laboro a dos cuadritas de la nueva zona cero del tercer mundo, en un lugar maravilloso que me tiene cautivo 26 horas al día, y que trata de matar a mi vida social, ha dejado a mis hijos sin un padre, a mis esposas sin un amante, a mis esposos sin una cena caliente y a mis padres sin un hijo devoto.

Pero precisamente ese día entre todos, cuando acaeció ese evento tan harto improbable, resultó que no estaba presente.

Háganme el favor.

Y gracias a todos aquellos morbosos que me llamaron para saber si estaba vivo y me bombardearon con mensajes de:

¡Qué bueno que no estabas ahí!

Deberán disculparme pero no entiendo qué de bueno tiene eso de no estar presente en la vida ¿Cuál es la ventaja de ahorrarte las cosas y huir de aquello que no resulte ideal? Habría querido estar presente así el avión hubiera caído en mi edificio. Incluso si hubiera caído en mi lugar y sobre mi cabeza, porque para eso soy inmortal. Pero no, me perdí hasta la evacuación.

Y una tarde a los pocos días, hice lo que nunca y me salí unos minutitos de la agencia para ver a Tamara. Sólo un ratito. Y apenas llegué a la banqueta, océanos de burócratas abandonaron en manada los edificios cercanos. Había otra emergencia y también me la perdí. Esta vez era gas imaginario.

Gracias al Santo Niño de Atocha por protegerme de absolutamente todo aquello que pueda provocar un aumento en mi frecuencia cardiaca, me pueda sacar una arruga, una cana, o acaso me haga madurar.