Monday, July 28, 2008

Intento de homicidio

Ese día que me urgía postear y despanzurré mi blog, tenía al mismo tiempo dos juntas, que de juntas tenían muy poco, pues estaban separadas por cuatro pisos. Así que escapé un momento de la de abajo para llegar a la de arriba. Aquí haré una pequeña pausa para contarles que en la compañía tenemos un Director de Planning, que además de cumplir a cabalidad sus labores ejecutivas, es un atleta consumado que jamás sube a un elevador y hace de las escaleras su pista de carreras. Y como yo también quiero ser atleta y el elevador se tardaba mucho, me subí a pie a ver qué se sentía.

Como en todo edificio inteligente, las puertas son de cristal y sin cerraduras para los mirones, así que llegué al quinto piso y me recibió el vidriote ese al que a cada rato le limpian los dedazos y las manchas de nariz grasienta de la gente que se pega para asomarse. Pero no puse mi huella porque vi que dos personas se aproximaban y seguramente abrirían. En eso, la puerta del elevador sonó y giré con el orgullo propio del atleta para ver a esos que apenas llegaban mientras yo ya había subido y ejercitado mis músculos al mismo tiempo. Y en eso estaba, cuando se oyó un golpe seco y horrible atravesando el ambiente. Tan fuerte, que aposté que algún helicóptero de esos que abundan por acá se habría atorado con un tendedero y colapsado con nuestro techo en la zona de lavaderos que nunca he visto, pero seguro debe existir más arriba.

Entonces sentí un gran dolor. Asumí sería una muestra de esa profunda empatía que siento por el género humano y su fragilidad. Pero no, es que el golpe había sido en mi propia cabeza. Resulta que la tipa que abrió la puerta, lo hizo encima de mí y con el filo del cristal pulido, pegóme con toda la fuerza que un mamífero rumiante usa para embestir.

Mi primer impulso fue palpar la zona golpeada seguro de que el tremendo porrazo y la naturaleza punzocortante del vidrio, harían brotar chorros de sangre tibia y azul por mi frente, pues como bien dicen las señoras, la cabeza es muy escandalosa. Y así estaba, con la mano buscándome la moronga y deteniéndome el cerebro que seguro asomaba queriendo escapar, cuando la mujer que me golpeó, me miró y comenzó a gritar:

¡Soy médico!

Vaya, fue entonces cuando me enojé. ¿Y eso a mí qué? ¿Es que su profesión le permite abrir la cabeza de la gente y realizar lobotomías a contentillo y sin avisar al paciente? ¿O es que su cédula profesional me iba a regresar el pedazo de cabeza que me estaba deteniendo? Pensé que en cuanto quitara mi mano, un colgajo de cabeza caería sobre mi ojo como un coqueto flequillo de sangriento pellejo, a lo que la mujer replicó:

¡Soy médico!

¡Pues yo solía ser brillante y después de este golpe tal vez termine capacitado para sostener una plática contigo! -Pensé en mis aturdidos adentros. Entonces abrí la boca para decirle tres pequeñas verdades y arrancarle la cabeza de una mordida. Pero cuando me disponía a hacerlo apreté los dientes y me dirigí a la junta porque sabía que lo que dijera o masticara estaba influenciado por las drogas que en ese momento producía mi cerebro para hacerme sentir bonito, así que la miré de reojo y seguí mi camino, a lo que ella repuso:

¡Soy médico!

Estuve a punto de regresar a arrancarle la cabeza, ya de perdis la lengua, pero tenía una junta. En cuanto encontré una superficie reflejante me busqué el agujero y lo que vi fue un chichón como los de las caricaturas, grandote y saltón, pero nada de sangre. Mi cabeza es dura y no tan escandalosa. Lo cubrí con cabello y seguí con mi vida, pero cuando subí al elevador olvidé algo que tenía que hacer.

¿Será que perdí la memoria y no me acuerdo de lo que se me olvidó?

Wednesday, July 23, 2008

Socorro





Metíme a las entrañas del blog y no supe ni qué le moví pero se me desaparecieron todas las cosas a la derecha. Y más grave aún, me aparecieron estas letras color azul baño de pulquería en los titulos y esas cosas. Lo veo y siento que estoy entrando al blog de otra persona quién sabe quién, alguien que me cae gordo porque le pone letras azul baño de pulquería a sus títulos. Aquél que sepa de esas artes, dígame cómo recupero mi antiguo template o qué le hago para que vueva a la normalidad, me urge postear.

Wednesday, July 09, 2008

... y Julieta

Ayer recibí mi primera notificación de muerte por mensaje de texto. Y espero la última. Un mensaje de texto no es la mejor manera de enterarse de la eterna partida de alguien especial. Pero sí de comunicarla. Porque no miras a la cara. No ves los ojos aguarse y la sangre abandonar el rostro para convertirlo en una amarillenta y mortecina máscara, ni la expresión de incertidumbre, ni la boca abierta del que entiende que más nunca volverá a estar con esa persona.

Por eso yo soy inmortal. Pero es más duro cuando eres como yo y sabes que vas a vivirlo una y otra vez por los siglos de los siglos. Mejor arrancar un poco del alma de la gente mientras puedes, cuando la tienes contigo.

A Julieta no había necesidad de arrancarle nada, porque a pesar de ser tan joven, compartió y dejó su huella por cada lugar que pasó.

Incluso aquí, en el blog:

pus ojala que te coloquen en el grupo de los "especiales" pa que no tengas que estudiar mucho. Oye gracias por caer en mi casa y po caer con un pan que me aliviano la desvelada, Que rico eh.

Dijo ella una vez. En aquella ocasión, empezaba el curso escolar y antes de llegar a su casa me había encontrado con uno de esos drogadictos arrepentidos que encuentran la redención en la panadería y se dedican a vender donas mutantes con el hoyo chueco o en este caso, unas berlinesas gigantes rellenas de la más extraña descolorida y espesa crema pastelera.

Como el redentor que soy, compré la mayor cantidad de berlinesas para salvar de las garras del vicio a cuantos borrachos fuera posible. Y cuando llegué a su casa me sobraba una. Y compartimos el pan. Y volverémos a hacerlo un día. Cuando todos resuciten y convivan con nosotros, los que jamás morimos.


Hasta muy pronto, Julieta.

Friday, July 04, 2008

Tenis

Ayer salí de una junta a las 12 de la noche y como había caído un aguacero y a la gente le da miedo mojarse con lluvia ácida y morir despellejada, la ciudad estaba libre y aproveché para caminar. En eso, cuando iba a cruzar la calle, entró una llamada a mi iPhone, ese mismo que está disfrutando de sus últimos días de exclusividad antes de que todos ustedes corran por el suyo y se vuelvan más comunes que las tortas de tamal.

Así que detuve mi paso y contesté la llamada e intercambié un par de jocosas reflexiones y ya colgué. Y cuando pensaba que todo en mi vida era perfección, fui brutalmente atacado por un exhibicionista. No me atacó a golpes, quiero decir que me atacó enseñándome su miembro viril. A ver, no entendí nada, qué se supone que pretendía que hiciera, para qué enseñarme algo que yo tengo y más bonito. Yo pensé que a mi edad esas cosas ya no pasaban y que sólo lo hacían señores entrados en años con ánimo de asustar chiquillos, pero este tipo era un mocoso más imberbe que yo. La juventud está muy mal. Es culpa del internet.

Y hablando de juventud perdida, cuando era chiquillo quería una chamarra y unos tenis como los de Marty McFly:



No tengo la chamarra, pero los tenis ya están a la venta y sólo cuestan 20 000 dolaritos en eBay.



Sería un buen detalle ahora que mi iPhone perdió su aura de exclusividad. Regálenmelos metidos en una lonchera como hicieron con el teléfono.