Thursday, May 29, 2008

En mi trabajo hay un tunante

Hay un ladrón suelto en Uglyville. Y eso de tunante además de ratero, pícaro y taimado, significa miembro de una estudiantina. Porque hubo un tiempo en que los chicos malos y rebeldones se unían a una tuna en lugar de a la Mara Salvatrucha. Y el símbolo de rudeza no era un tatuaje de lagrimita por cada tipo que mataste en prisión, sino los moños y listones que colgabas de tu ropón.

¡¡¡MEROL!!!

Los tiempos han cambiado y hoy los tunantes son esos muchachos gorditos de lentes que limitan su vida social a la tuna y la romántica a su pandero. La verdad es que los admiro en silencio y sueño con meterme a sus ensayos en la iglesia y que me den un panderito y entonar los dulces versos de La guadalupana, la guadalupana, la guadalupana baja al tepeyaaaaac.

Pero el tunante de la oficina es uno de la vieja escuela, pícaro y taimado. Su primera picardía fue robarse una cámara, luego una tarjeta de esas de internet inalámbrico, al día siguiente una computadora, porque sin una, su tarjeta wireless no le servía para nada. Después una película, "Temporada de patos" para verla en su computadora y tomarse una foto y mandarla por internet inalámbrico. Todo tiene sentido.

Aquí iba a poner los chistosísimos correos de la gente que llena de buena voluntad pide al tunante que devuelva sus pertenencias pues confían en que las tomó por error, pero seguramente firmé alguna cosa en la que me comprometí a no ventilar los correos y la inocencia de mis compañeros de la agencia y ahorita no tengo tiempo de ir a prisión, ni espacio en los cachetes para más lagrimitas. Lo bueno del caso es que hay un complejo sistema de cámaras que vigilan 24 horas que no te robes nada o que postees en tu blog, así que ya tienen al ladrón bien amenazado con que van a revisar los videos y lo van a descubrir.

Creo que un giro emocionante en la historia, sería que revisaran los videos y encontraron con que...

¡Fuiste tú!

Pero no lo sabes, como en medio de episodios de sonambulismo y cleptomanía. Y cuando te enseñan el video te entra un tremendo vahido al descubrirte un vulgar tunante ¿Se imaginan? Sin duda un caso para Scooby-dubi-Doo.

¡Pena máxima para el chino!



Y no por chino, ni por criminal, ni por guardar su dinerito abajo de la almohada. Por su culpa, por su culpa, por su grande culpa, descontinuaron el Co-Tylenol que tan milagroso era para enmascarar los síntomas de la gripe. Todo por esos que ya no hallan que meterse para hacer sus vidas menos patéticas y aburridas. Y del chino, claro. Miren que abusar de la inocente pseudoefedrina, tanto bien que nos hacía.

Siempre me he resistido a enfermarme y usar antibióticos y drogas y Coca Cola y supositorios. La última vez fue esa en que mi nariz perdió la virginidad y luego les conté en aquel post que me plagiaron. Prefiero confiar en mi sistema inmune y aguantarme hasta que nos empiecen a bombardear con esporas de anthrax y el ciprofloxacino que guardo bajo mi cama junto al dinero del chino sea la única cura.

Pero el otro día mi temperatura subió a niveles insospechados y el doctor me prohibió ir a trabajar. Y como nunca lo he hecho y no quiero hacerlo, me hice el sordo con el doctor, le di una oportunidad a los antibióticos y como buen mexicano me autoreceté trimetoprima y sulfametoxazol por 10 días ¿Qué tal con el doctor y sus doce años de universidad haciéndome los mandados?

Y a falta de pseudoefedrinas, he preparado un coctél de paracetamoles, vasoconstrictores simpaticomiméticos y antiinflamatorios no esteroideos para evitar los molestos sintomas y hasta el embarazo no deseado. Nomás que mi lonchera, otrora llena de golosinas, terminó cargada de otro tipo de dulces. Luego les pongo una foto. Ahora debo trabajar y trabajar.

Soy el drugstore cowboyscout

Monday, May 26, 2008

Vida de diversiones

Habiendo nacido en un 30 de octubre, con cumpleaños siempre temáticos y llenos de disfraces, juraba por la Virgencita de Guadalupe que todos los niños tenían fiestas similares y nacían en fechas acordes para el disfraz y el desfiguro. Pensaba yo que si por ejemplo, nacías en un 12 de octubre, te disfrazaban de Cristobal Colón y tus vecinas llegaban como La Niña, La Pinta y La Santa María, tus papas eran los salvajes habitantes de las Indias y todos se pintaban los dientes de negro simulando un persistente y bien avanzado escorbuto. Y el pastel era de limón para curarlos a todos.

El chiste es que se me quedó la costumbre. Y quiero que todos mis días sean especiales y temáticos como un parque de diversiones. Así que la pasada fue mi semana oriental.


Usé mi camisa de preparador de sushi con cuello mao. Made in Oaxaca. No se fijen en el tiradero de la oficina.



Para mis visitas, tenía galletas de la suerte y refrescantes del aliento sabor sushi con camarón. ¡Yumi! No se fijen en el documento de la esquina, es altamente confidencial.



Bolsas de Sushi Itto-Servicio a Domicilio pletóricas de comida que sí nos comimos. No se fijen en los tenis de Mario ni en sus piernas, son altamente regordetas.

Thursday, May 22, 2008

Máquina de raspados

La cocina de Uglyville en donde todos los aldeanos cocinan sus viandas, es una secreta máquina credora de superhéroes y supervillanos. Hay un par de hornos de microondas estratégicamente colocados por arriba de la cabeza promedio contra todo sentido común. No hay forma de divertirte viendo a tu comida dar la vuelta, a menos que midas tres metros con ochenta y cinco centimetros, como el hombre más alto del mundo, que por cierto trabaja en cuentas aquí en Uglyville.

Noté su ubicación cuando pasé por casualidad y un respetable señor calentaba su comida. Por el olor seguramente consistía en algo así como huevo con salchicha o con zuelas de zapato. De inmediato sentí las microondas atravesando mi cabeza y tratando de freirme el cerebro. Imagínense el efecto gelatinizador que tendrá en los cerebritos de todos los demás. Sin lugar a dudas pretenden generar una mutación que desarrolle un tercer lóbulo cerebral, más creativo que los otros dos pobres que más que lóbulos parecen rebanadas y que apenas si se las arreglan para caminar en dos patas y calentar su comidita en el microondas.



Así, pero más creativos que destructivos

Si acaso te libras del efecto mutagénico de las microondas, no escaparás de la inocente sopita de fideos que te mandó tu mamá, que se volverá un arma cuando llegue al punto de ebullición, cree una burbuja por el rápido calentamiento y debido a la gran altura de los microondas explote en tu bello rostro dejándote más o menos así:



No leyó la etiqueta de su sopa Maruchan

Es más seguro que coman sopas frías o la famosa y socorrida ensalada rusa soviética.

Bασιλεὺς τοῦ κόσμου

Tuesday, May 20, 2008

México lindo y querido

Agárrense que el mundo se nos viene abajo, todo en lo que creíamos se desploma en un instante frente a nuestros ojos, nada de lo que sabemos es cierto, las bases sobre las que el pueblo mexicano se fundamenta no existen.

Ahora resulta que Pepe el Toro nunca gritó ¡ToOoritOOOoOoOoOOooOOo!



Ahí está todo, el muñequito entamalado, las jocosas alucinaciones con el Torito llenando de cola al perro y el ataque de llantorisa que ha aterrado a generaciones de mexicanos.

Pero no el grito de ¡ToOoritOOOoOoOoOOooOOo!

¿De dónde salió? ¿O de dónde lo sacamos? ¿En la cabeza de quién apareció?

Sólo falta que nos digan que Chachita no se cortó las trenzas, que el Camellito está vivo y que Pepe el Toro NO es inocente.

Hablando de nuestra realidad quintopatiera, ya alguna vez me ha pasado eso de venir en un coche lleno de gente hasta la ilegalidad, que nos detenga una patrulla y ser el único que no carga estupefacientes en su bolsa o su sistema. Pero ahora no me pasó a mí. Resulta que hubo una redada y agarraron a una amiga y su banda con las llantas cargadas de hierba mala.

Hasta ahí todo bien, se prepara uno con sus bolsitas del mandado para hacer visitas a prisión como bien hacían los hijos de Raúl Salinas. Pero antes hay que contar con que vivimos en México y tu libertad depende del humor del policía que te agarre. Y sí, éste venía de buen humor. Así que después de desvalijarlos a todos y con el único fin de no perjudicarlos, los dejó ir.

Qué honda alegría. Y qué profunda tristeza.

Es tan oscura y triste por la infinita corrupción de nuestras autoridades y tan luminosa y feliz de pensar que vives en un lugar en el que tu libertad está a una mordidita de distancia.

And lots of wavy hair like Liberace

Saturday, May 17, 2008

Nada es gratis en la vida. Nada que valga la pena.

La diaria bomba de helado y crema chantilly, suelo comerla en casa por la mañana, aquí en Uglyville no preparan esas delicadezas. Lo que sí es que junto a los carritos, hay maquinitas alimentadoras de obreros y una que me provoca gran inquietud es la de café.

Cuando pequeño desarrollé una fascinación por las máquinas expendedoras de bebidas, me gustaban más que las de dulces porque significaban un fenómeno más complejo. Las de dulces me parecían un simple aparador escupe golosinas, en cambio las de bebidas, eran misteriosos seres míticos capaces de producir en sus entrañas cualquier bebida, fría o caliente. Las conocí en un hospital cuando nació mi hermano y en silencio esperé que mi madre fuera una interminable máquina productora de niños para regresar muchas veces más.

Ahora no me fascinan tanto, son pequeñitas y además no tomo café. No lo soporto, me cae gordo y me repatea y puedo escupirlo al cielo sin que a la cara me caiga. A menos que tenga mucha leche y mucha vainilla y mucha, pero mucha azucar.

Así que el otro día en un momento de ociosidad me acerqué a la máquina, pues de refilón noté que tenían un sabor vainilla latte. Algo que no aguanto de estos nuevos aparatos, es que te pidan "poner un vaso". En la antigüedad, las maquinas estaban rellenas de un elemento mágico que no sólo generaba bebidas, sino también vasos, así que resultaba todo un espectáculo mirar a través de la ventanita como mágicamente aparecía uno y se llenaba de fluídos de todos colores y espesuras hasta quedar exactamente al tope.

En fin, que le puse un vaso. Y esperé a que apareciera una tarifa. Pero nada. Así que procedí a picarle a los botones. En eso y sin que yo metiera una moneda, empezó a escurrir un agua negra y pestilente. Era uno de esos sobrevaluadísimos expressos. Junto a mí había un tipo que esperaba a calentar su comida en el microondas y me miró con cierta desconfianza. Supuse que se había dado cuenta de que me estaba sirviendo un café gratis y se preguntaba a quién habría yo matado y tirado tras la máquina para tomarme su café.

Evidentemente no me iba a tomar esa porquería, pero ya que el tipo me creía un ladrón y asesino, tomé el vasito hirviendo y maloliente y me fui para que se quedara buscando el cadáver y contándole a todos que me había robado un café expresso de la máquina. Pensé tener el vaso como adorno y complemento a mi disfraz de oficinista, pero lo soporté exactamente treinta segundos y me levanté corriendo a tirarlo al caño de donde nunca debió salir.

¡Toma Splinter, báñate en él!

Regresé entonces a la cocina y tiré el contenido en la tarja, pileta, fregadero o cualquiera sea el termino que usen para nombrar a la cosa esa en que amontonan los trastes. El tipo ya no estaba, en su lugar había una simpática muchacha que al ver mi cara de repugnancia dijo:

Los expressos son gratis.

Vaya, de haber sabido no aprieto todos los botones. También me explicó que el de vainilla tenía un costo. Lo pedí, lo probé y estaba simplón. Púsele muchos sobrecitos de azúcar y al mirar que había provocado tamaño basurero de sobres y recordar todos los que ya había consumido y que se habían ido al limbo sin pena ni gloria, decidí comenzar un proyecto artístico performance instalación consistente en la yuxtaposición de todas las bolsitas de azúcar que de aquí en adelante me coma.

¡FONCA, ven y recoge a tu hijo pródigo!

Como no tenía cinta adhesiva a la mano, escondí un montón de sobres vacíos abajo de mi lap top y esperé al día siguiente.

Cuál sería mi sorpresa al llegar en la mañana y no encontrar mi amada basura. Alguien aquí está haciendo su trabajo y eso no está bien. He pasado tremendo coraje. Debí comer un bolillo para el susto. El bolillo estaba relleno de milanesa, pierna y quesillo, para mayor efectividad.


Ahora tengo que comenzar mi obra desde cero. Aquí el principio. Las otras ya las empecé a pegar en una esquinita más lucidora.

Brrr

Hace rato que llegué y abrí mi blog, sentí un feo repelús. Y como sentir repeluses por el propio blog es lo peor que a uno le puede pasar, mejor puse la bonita e inocente foto de un perrito y un pulgar como Dios manda, en lugar de ese hombre del dedo perturbador. 

Thursday, May 15, 2008

Wednesday, May 14, 2008

Y ya que andamos en esto de la publicidad ¿Qué opinan del nuevo anuncio de Playstation?





Ah, estos creativos siempre poniendo el dedo en la llaga. Porque eso que están mirando es un dedo, no se hagan ideas cochinas en la cabeza. Mentes brillantes sustituyeron las partes pudendas del tipo este por un dedo pulgar, ese con el que juegan al Playstation. Y de paso le provocaron guácara a medio mundo con ese dedo que se levanta como queriendo saludar.

¿Tons qué, van a correr a comprar su Playstation?

Monday, May 12, 2008

Pastelazo

Todavía recuerdo la mañana de abril de 1671 en el castillo, cuando el pobre maître Vatel inventó la Crema Chantilly y se mató después porque el pescado no estaba listo. Pobre maître, por lo menos no vivió para ver como su crema terminaba embarrada en la cara de cuanto cómico de carpa nació en el siglo XX y lo que va del XXI. Su crema se ha devaluado terriblemente, igual que el encaje y la porcelana, todos productos orgullosamente nacidos en Chantilly y que nos hablan de la profunda vocación pecaminosa de sus habitantes. Su escudo de armas deberían ser unos leones vestidos de encaje con un pastel de chantilly al centro y un aguila coronada con las palabras gula y luxuria en latín.

Con el maître muerto, debo confesar que nunca me gustó su crema, me molestaba la sensación caliente que deja en la boca y que Vatel fuera tan obsesivo con eso de sólo usar cucharas frías para batirla. Y menos con el uso que le dio el siglo pasado, en horribles pasteles de quinceañera rellenos de mermelada. No soporto los pasteles cubiertos de chantilly rellenos de mermelada. Y tampoco soportaba a la gente que comía fruta con chantilly. Era como comer un tablero con doble peluche.

Hasta el otro día, en el que me trajeron en el desayuno una bandeja de piña, zarzamoras, fresas, mango y melón con helado de vainilla y la infame crema chantilly hasta encima. La miré con desprecio, pero me arriesgué a probarla y me fascinó. La sensación caliente que produce su grasa batida, se contrarresta con el frío del helado y la frescura y acidez de la fruta. Se ha convertido en mi desayuno oficial desde la semana pasada. Ya siento mis arterías bloquearse de crema chantilly. Decidí probarla sola en una cuchara para ver si lo que había cambiado era mi gusto y me pareció nauseabunda. Así que sólo funciona con helado.

Pruébenla.

You ain't never seen a fire like the one I' ma cause

Tuesday, May 06, 2008

¿No que no se acababa el mundo?


La foto es de verdad, no la photochopié porque ni sé cómo, pero no le digan a nadie porque en mi lista de talentos se encuentra experto photochopiador.

En Chile está haciendo erupción un volcán y al mismo tiempo les caía una tormenta eléctrica. Pobres, nomás faltó que los meara un perro. Esperen un segundo, no faltó, los últimos reportes indican que perros incontinentes mearon a la población del lugar. Dios es súper creativo con sus plagas del Nuevo Milenio, ya no lluvia de ranas, no aguas transformadas en sangre, no hijos primogénitos muertos al anochecer, perros incontinentes y tormentas volcánicas es lo de hoy.

Aquí en mi trabajo hay unos carritos que se pasean por toda la empresa con viandas por si tienes un antojito mexicano. O argentino. O venezolano. Hay de todo por acá. Uno es todo saludable y tiene cosas como la zanahoria rallada más reseca de la historia y pepinos sin semilla, porque no hay nada peor que un creativo publicitario con gases y flatulencia. También tienen jícamas y son tan secas que estoy pensando que hay que agregarles agua y nadie me lo ha dicho. Y yo comiéndolas así polvosas como gelatina en sobre. Ahorita que pasó el carrito, traía un bisquet con frijoles y un huevo estrellado arriba muy extraño al que llamaban mollete.

También tenían lo que parecían las orillas de una tortilla dura con un recipiente de queso en el centro para remojar. A esas les llaman nachos, pero en realidad son un experimento para ver cómo un publicista es capaz de venderlo todo, hasta orillas de tortilla dura. Ya tengo las mías y son tan duras que siento que cada vez que mastico una, todo el edificio puede oír mis mandíbulas castigadoras trabajando. Y por su culpa acabo de morderme el cachete por dentro y me arranqué un pedazo.

Adiós a los besos de lengua explora cachete y las prácticas de riesgo. Alguien va a sufrir y no voy a ser yo.

Faith

Friday, May 02, 2008

Gordo

Cuando era chiquito era yo un gordo feliz. Gustaba de sentarme frente a la televisión y en lugar de poner atención a la gloriosa programación del Tío Gamboín, gozaba contemplando la carne que colgaba generosa de mis muslos, tocándola, golpeándola suavemente para escuchar ese sonido que sólo producen los muslos gordos cacheteados.

Solía hacerlo a las dos de la tarde, sentado en un inmenso sillón de pana color vino como las capas de Súper Cristo en las iglesias, viendo la enésima repetición de Los Pitufos, y bañado por los tibios rayos de sol que entraban por la persiana. Así me veía yo, como un gordo de esos felices que enseñan el ombligo porque la panza les levanta la camisa.



Hasta ese aciago día, cuando revelaron el rollo fotográfico de algún festival escolar, y me mostraron mi propia imagen en uniforme de Educación Física. Mi mundo se derrumbó. Era yo flaco, flaquísimo, entelerido. ¿Dónde estaban esas carnes que me hacían tan especial? Debí dar una concienzuda revisada a mis muslos. Y ahí estaban, las mismas carnes con las que yo jugaba, así que no estaba completamente loco ¿Pero por qué la cámara retrataba esa figura escuálida en lugar de mi exhuberante turgencia?

Porque sólo yo podía verla. Por eso entiendo a esos pobres que se ven gordos al espejo. Y hacen de todo para bajar sus kilos imaginarios. Nada más que yo quería que mis kilos imaginarios se hicieran realidad, los necesitaba, eran parte de mí. La parte sabrosa. Así que comencé a usar dos gruesos suéteres abajo del uniforme, horribles y grandes como un perro gigante de los pirineos, pero que encimados, cumplían la función de hacerme parecer más gruesecillo. Cuando hacía frío era soportable, pero en época de calor era yo un gordo muy abochornado.

Después entendí que estar flaco como un cabrito es lo de hoy y ya me acostumbré y empecé a amarme así como soy.

Tal vez demasiado.