Monday, April 28, 2008

Rayos y centellas

Anoche terminaba la pascua judía y probé mi primer matzah cubierto de chocolate, seguido de un temblor de tierra y un par de tornados en suelo mexiquense como regalo conmemorativo. El matzah es ese pan sin levadura que se come para conmemorar la salida del pueblo judío de Egipto, el mismo pan que hace dos mil años partimos y remojamos en vino durante la última cena y que vosotros confundís con bolillos, cocoles y chilindrinas.

Entonces nos imaginan partiendo pan de pueblo boludo y con calaveritas adentro y en Iztapalapa así nos interpretan, comiendo conchas con pelucas rubias y chapas coloradotas, porque los mexicanos saben que el hijo del hombre era güero y de ojo azul, de ahí la gran fascinación por aquellos que se asemejan al Cristo de las estampitas y de ahí también que cualquier güero de rancho se gane expresiones de las viejitas tales como:

Parece Niñito Dios.

El chiste es que apenas me acabé mi pan ácimo cubierto de chocolate, empezó a temblar, lo cual me llenó de profundo gozo. Pan bíblico y plagas bíblicas. Mi felicidad es completa. Y por si esto fuera poco, tornados. Ahora mismo se ha soltado un tormentón, lo escucho a través del techo de lámina de mi empresa y me encanta como suenan los cientos de miles de gotas pegando juntas pero no al mismo tiempo. A lo lejos se escucha un grupo de gente cantando las mañanitas, pero no alcanzo a ver, me asomo y sólo veo hombros, las cabezas y las caderas me las tapa el mobiliario propio de una oficina, así que no reconozco a nadie y no sé si vale la pena que salga corriendo a dar el abrazo.

Y cuando digo vale la pena, me refiero a que el cuerpo que tanto celebran esté lleno de abrazables y turgentes carnes. Lo dudo mucho. Además sigo sin distinguir nada más que hombros, hagan de cuenta estoy en ese concurso de Chabelo en donde ponían a los niños atrás de un mueble y las madres tenían que reconocerlos por sus pantorrillas, flacas, desnutridas y cenizas todas, llenas de cicatrices queloides y prietas que ponían a las madres en tremendos aprietos, porque con su pobre vista de niña desnutrida vuelta madre adolescente, no alcanzaban a distinguir y jamás le atinaban a su retoñito.

Creo que mejor me quedo con la curiosidad.

פֶּסַח

Wednesday, April 23, 2008

Freaks of nature

Estaba en un microbús la otra mañana y frente a mí subió una linda muchacha. Peinábase con una apretada colita y de sus orejas colgaban unos aretes de oro de baratos 14 kilates. No podía dejar de mirarla pues al parpadear, su cara completa se movía como si recibiera un choque eléctrico, así que la observé fascinado por un rato. Pero entonces me vio.

Cuando nuestras miradas se cruzaron, toda ella se llenó de hoyuelos, desde la barbilla y subiendo como una ola por sus mejillas, hasta su frente y bajando de regreso hasta sus labios. Hoyuelos como esos que encuentras en los cachetes de los niños, pero a través de toda su cara. Estaba encantado, había encontrado a una mujer cuyos músculos estaban inevitablemente conectados a sus emociones.

Conforme la tuve más cerca pude notar que en su barbilla había una profunda cicatriz a la que casualmente iban a dar todos los hoyuelos. Me di cuenta en ese momento que tal vez sus poderes habían sido creados por un científico o un accidente que la había dotado con estas habilidades extraordinarias.

Entonces se sentó y me dio la espalda. Sentí mucho haberle causado azoro y provocado semejante ataque de hoyuelos. Mas cuando me regodeaba en la culpa, subió un hombre gordo y con las cejas juntas. Nada extraordinario. Hasta que vi que sus cejas bajaban por su nariz y continuaban peludas como si no supieran que su trabajo terminaba arriba, sobre los ojos. La filiación de este hombre diría que tiene nariz poblada.

Y los pelos sobre su nariz parecían pequeños arboles truncados en una desolada aldea despoblada por un meteorito cuyos habitantes vivían de día dentro de la nariz y sólo salían de noche a cosechar los pelillos negros de los que se alimentaban.

Pobres hombrecillos.

Monday, April 21, 2008

Sleeping beauty

Ha llegado la hora de contarles la historia del aciago día en que mi iPhone murió.

Era una tibia noche de primavera y salíamos del concierto de unos amigos, cuando el hambre tomó nuestras tripas y atacó nuestras entretelas. Así que antes de ir a la fiesta post show, decidímos buscar alivio a nuestras ansiedades en la forma de tacos de perro bien rellenos y baratones.

Llegámos ahí y después de pedir los tacos, nos hicieron la pregunta obligada:

¿Y de tomar...?

Curiosamente fui el único que pidió algo, un agua de horchata que vi a lo lejos en una de esas ánforas botijonas. Todos los demás se conformaron con sus tacos de perro y guardáronse para el despreciable alcohol que fluiría en la fiesta que ya nos estaba esperando. La horchata fue lo primero que trajeron. Un vaso de plástico lleno de un agua muy blanca y espesa, pero insípida y sin ninguna gracia después de haber estado toda la noche llena de hielos que para entonces ya se habían derretido y llevado consigo cualquier traza de sabor.

-Bastante mala -pensé- pude haberla evitado.

Sólo había dado el trago del juicio, cuando me dispuse a escribir uno de esos mensajes que se mandan después de la fiesta para confirmar que el número que diste es verdadero y no tratabas de salir del paso entregando el número de la PROFECO. Así que apoyado en la mesa escribía presuroso, cuando sobre mí cruzaron unos expresivos brazos franceses, que en ese momento y por accidente, derribaron el vaso pletórico de agua de horchata.

Frente a mis ojos, la inmaculada pantalla del iPhone se cubrió entera por una ola blanca que enturbió su luminosa interfaz. Lo veía pero no lo creía. Podía distinguir claramente el mensaje que estaba escribiendo a través de la espesa capa de agua que seguía fluyendo y que caía entre mis bien formadas piernas, las mismas que no sentían nada a pesar del baño helado y pegajoso.

Cualquier acción podría empeorar las cosas. No había quedado esquina libre, todo él había sido generosamente bañado, no sabía por qué lado tomarlo para evitar un daño mayor. Esperaba que explotara o salieran chispas o se apagara la pantalla, pero nada pasó. Así que lo tomé y con la parte seca de mi pantalón, quité el exceso de agua y lo apagué. Pensé que era la mejor forma de evitarle más dolor, pero en el fondo sólo trataba de evitarme la pena de verlo morir.

Fue una verdadera prueba para saber cuán apegado estoy al apestoso pero divertido mundo material. Recibí todas las disculpas que la lengua francesa ha conocido. Y como cualquier hombre al que le rayan el coche, le ensucian las vestiduras o le agreden cualquiera de esas prolongaciones fálicas, pude haber perdido los estribos, pero no lo hice. Fue sorpresivo, pero volví a comprobar que sólo somos dueños de la forma en que reaccionamos ante nuestras circunstancias, por amargas que estas sean. O sabor a horchata, como en esta ocasión.

Así que lo apagué y le agradecí por todos los buenos momentos. Lo di por muerto. Recordé incluso que el iPhone está equipado con una lengüeta interna que cambia de color cuando ha sido expuesta al agua, para que no trates de hacer mensos a los de la garantía, así que le di un profundo beso y lo dejé descansar el sueño de los justos.

Y me dediqué a disfrutar y a ahogar mis penas en comida porque no tomo alcohol.

Una vez terminada la fiesta, cuando el sol amenazaba con sus primeros rayos y encontré un momento de intimidad, decidí encenderlo para saber qué habría sido de él. Y como si nada despertó. Aún con la pantalla pegajosa y llena de agua de horchata seca. Y ni siquiera se quejó.

¿Resucitó de entre los muertos o ni siquiera murió?

¿El iPhone es a prueba de agua?

¿Suerte, milagro o casualidad?

SobrenaturaL

Tuesday, April 15, 2008

Tengo tanto que escribir y tan pocos blogs

El domingo salí de casa y vi un montón de gordos corriendo despavoridos. Pensé que la fábrica de chocolates que está cerca habría ardido en llamas o que al fin se había vuelto ilegal pasarte de tu peso ideal, pero estaba equivocado. Rápidamente noté que los gordos iban acompañados por sus gorditos y sus gordas señoras. Sucede que el gobernador decidió cerrar la calle de enfrente para que la gente corra y retoce y se regodee en su Ciudad de la Esperanza.

Porque mi ciudad, como pueblo bicicletero, tiene gobernador. Y él, promueve políticas pro bicicleta para alcanzar su sueño bicicletero.

Entonces pensé en salir con mi perra, a la que esa mañana decidí llamar Señorita Teschmacher. La señorita Teschmacher es la torpe achichincle de Lex Luthor en la película de Superman. En la versión doblada al mexicano, Lex Luthor se pasa toda la película gritando:

¡Señorita Teschmacher!

Y me gusta como suena. Porque no tiene nada que ver y me fascinan las cosas que no tienen nada que ver y es fácil de gritar en el parque. Hasta hoy así se llama. No lo encuentro particularmente ofensivo, pero ha levantado ámpula entre los círculos académicos, esos mismos que me recomendaban nombres de filósofos o con dos sílabas aburridas. Bah. Ellos se resisten a llamarla señorita, pues lo miran como un despropósito. A mí después de unos días me sigue gustando. Ya Dios dirá mañana. O el arcángel Gabriel en su representación, que podría revelárseme esta noche con un nuevo nombre para mi perra y el lugar donde debo asentar a mi pueblo elegido.

Y con la señorita Teschmacher me salí a corretear bicicletas. El gobierno de la ciudad, siempre preocupado por tu nivel de hidratación, regala vasitos de agua puerca de la llave, muy fresca eso sí.

En cambio, los hoteles hacen la competencia y te ofrecen exclusivísima agua de cáscara.


Agua de cáscara

Desde niño me ha molestado que la gente pretenciosa tome agua de cáscara, así sin azucar siquiera, nomás las puras cáscaras flotando vagabundas en el vaso. Y que además digan algo así como:

- ¡está deliciosa, súper rica y fresca!

Cuando todos sabemos que no sabe a nada, si acaso amarga como relleno de colación de piñata vieja.


No me preguntes, sólo soy un engrane más en la industría repartidora del agua de cáscara.

Como la señorita Teschmacher es una perra pretenciosa, le ofrecí agua de cáscara.


¿Qué me ves?

Pero apenas se enteró que era agua de cáscara, se rehusó a seguir tomándola, muy herida en su sensibilidad de perra.



El descubrimiento del día fue confirmar la profunda verdad encerrada detrás de un dicho popular.



La carne de burro, no es transparente. Y la venden con chilito afuera de Chapultepéc. El policía en la puerta se me acercó y dijo:

-El perrito...
-¿Aha?
-El perrito...
-Sí, el perrito... es gris?... es bonito?... es perrita de hecho.
-El perrito...
-¡El perrito qué!
-El perrito no puede pasar.

Vaya, parece que los cursos de telepatía y transmisión del pensamiento que dan en Seguridad Pública, no están funcionando.

Thursday, April 10, 2008

Mi primer post desde el trabajo

Hola, soy yo ¿Me reconocen? Estoy muy confundido, ji ji, esto de trabajar para un objetivo diferente de aquél de conquistar el mundo me resulta muy chistoso. Estoy como viviendo en un extraño sueño y cuando salgo a la calle y veo a toda esa gente vestida de la misma forma caminando rapidito con sus zapatos apretados y trajes negros encorbatados en medio del calor abrasador, siento como si me hubiera metido a un hormiguero, donde todos hacen lo que tienen que hacer y no se quejan y yo me cuido de no pisarlos y les pongo el dedo en el camino y se pierden y se ponen como locos y tiran la hojita verde que llevaban cargando y huyen.

Seguro que esto no lo sabían, pero la queja es un elemento muy importante en mi vida, así que me parece muy extraño todo esto. También que la gente acuda a mí para encontrar verdad y certezas, cuando generalmente soy fuente de confusión y abatimiento. Pero ya, debo ser honesto, toda esta faramalla es sólo un paso premeditado en mi conquista por el universo, es sólo que este Señor que les escribe, como el Señor que está en los cielos, trabaja de maneras misteriosas.

¿Ubican las plumas vaciladoras esas que te dan toques cuando les quitas la tapa? Pues mi lugar de trabajo, al que para propósitos prácticos llamaré oficina, es vaciladora toda ella, pues todo da toques, las puertas, las maquinitas de refrescos, mi computadora con la "N" roñosa y la señora de la limpieza. Yo mismo doy toques, creo que más que los demás porque soy nuevo y rechino de limpio.

Las grifos de agua no tienen llave y debes poner las manos enfrente para que funcionen, pero son como los perros y las gallinas y los niños pequeños, porque se dan cuenta que no tengo alma y se resisten a darme agua, lo mismo con la máquina del papel, que nunca me da y cuando me da me escupe.

La máquina de golosinas te pide que le des dinero y decidas en treinta segundos qué vas a querer o se lo queda la muy ratera ¿Si tengo mes y medio decidiendo cómo le pongo a mi perro, cómo diántres esperan que decida qué voy a querer en treinta segundos?

Afortunadamente todos me caen muy bien y se me ha dado un trato como no se había visto jamás. He firmado tantas cosas seguidas que a la mitad ya se me había olvidado cómo era mi firma. Pero es que mi firma es largota y garigoleada, especial para contratos millonarios, fusiones y muy mala para credenciales porque no es de esas firmas cucarachita que en todos lados caben.

Y yo que tanto me resistía, ayer debí darme de alta en facebook por necesidades de la empresa.

Ahora sí, adivínen en qué trabajo.

Tuesday, April 08, 2008

Verde será

Está bien. Mucho les he ocultado en los últimos tiempos y creo que lo saben, porque además soy muy obvio y remalo para disimular. Comencé a vivir emocionantes aventuras en ciertos círculos y con ciertas personas, pero no me sentía con derecho de hablar sobre su puerca vida privada en mi inmaculado espacio público. Ahora me arrepiento porque no debí andarme con falsas consideraciones, al fin de cuentas, quién mejor que yo para jugar con las privacidades ajenas, si para eso soy el que yo soy.

Descubrieron en mi reencuentro escolar que soy un artista. Y de mi arte y sangre de níveas vírgenes he vivido todos estos años, mas de pronto siento la necesidad de experimentar lo que es la vida fuera de los muros de palacio, el quehacer de la gente buena que trabaja de sol a sol y duerme por la noche y tiene vidas bucólicas sin sentido, que de repente han cobrado para mí un toque idílico que me hace suspirar.

Bueno, el chiste es que nunca he trabajado como trabajan los mugrosos mortales, vivo de mi mesada y los impuestos que ustedes roñosos se resisten a pagar. Pero hoy creo que debo hacerlo por un tiempo antes de tomar el poder, sentir el sol que los llena de paño, la vida inútil que los llena de pliegues y hace crecer su nalgas y colgar sus carnes.

Caigan de espaldas, que tengo un trabajo de nueve a cinco. O según me enteré hace rato, de nueve a siete.

De cualquier manera me queda la noche para seguir cumpliendo mi destino manifiesto.

Y como estreno política de transparencia les contaré del ese lugar en qué entré a trabajar. A ver si a fuerza de pistas adivinan qué cosa es. Sepan sólo que no es un burdel porque ahí lo hacen a uno empezar más temprano.

Por fin postearé a la luz del día. Tal vez. De todos modos no puedo dormir de noche, así que igual posteo a todas horas. Y así podré contarles todo lo que ha pasado en los últimos días:

- De cuando mi iPhone se dio un chapuzón en agua de horchata.

- Y cuando un pastel me dijo como bautizar a mi perra en una fiesta a las cuatro de la mañana.


Así se llamaba el pastel

- Y cuando un viejo cochino me correteó.

- Y de lo que se siente trabajar.

Gracias

Tuesday, April 01, 2008

No lo van a creer pero...

La perra sigue sin nombre. Y no crean que es una estrategia para tenerlos en suspenso, aquí en el mundo real donde habita la gente pellizcable, todos me miran con recelo y se resisten a darme más sugerencias pues dicen que de cualquier modo ninguna me va a gustar. Y tienen razón, porque me sugieren puras babosadas, obviedades y ñoñerías que me llenarían de vergüenza cuando aplicara el fino arte del ligue con perro en el parque. Ustedes en cambio son harto creativos con sus propuestas, síganle, que ya casi junto nombres como para bautizar a toda mi cuadrilla de puras sangre, al día de hoy a todos les llamo caballo y no parece molestarles.

Pero esta pobre perra sigue sin saber cómo se llama. Y antes de criticarme deberán detenerse pues en mi familia existen graves antecedentes de indecisión bautismal, y sobre ello me permitiré abundar a continuación. El año que venía corriendo es lo que menos importa, pero mi madre estaba recién parida y yo había dejado de ser el primogénito, aunque seguía siendo el primero en la sucesión al trono. Tenía yo 2 años 6 meses, el tiempo que me separa de mi hermano el pequeño y urgía encontrar un nombre para el chiquillo. Como tal vez sepan por el nombre de este blog y porque me quejé al respecto cuando se murió mi señor abuelo, a la hora de mi bautizo nadie lo pensó dos veces y me pusieron su mismo nombre, que también era el de mi padre, a que no adivinan cuál. Pero como sólo tenían un nombre entre los dos, no supieron qué hacer con el siguiente retoño.

Conforme los meses pasaban, mi hermano seguía sin nombre y todos se habían resignado a llamarlo Bebé, sin considerar que con los años podría llegar a oírse ridículo, sobre todo pensando que la familia era de hueso grande. La verdad es que yo no lo conocía muy bien, lo mantenían en lo alto de un moisés para evitar que le arrancara la nariz de una mordida como ya había hecho con otros sabrosos niños y sólo alcanzaba a verle los pies que pateaban a una triste realidad que le negaba un nombre y sólo le llamaba bebé.

Por aquellos entonces, cuando no estaba arrancando narices pasaba mis tardes mirando la televisión, y uno de esos días transmitieron un capítulo de Don Gato que al ser yo tan joven, me pareció como nuevo.



En el mentado capítulo, Don Gato y su pandilla encontraban un bebé perdido y después de esconderlo del Oficial Matute y guardar su mamila en la caseta telefónica, decidían llamarlo Carlitos. El bebé nunca se veía claramente, sólo aparecía una canastita de la que salían balbuceos y unos piecitos pateadores. Y entonces fue muy claro para mí, el bebé tenía que llamarse Carlitos. A pesar de mi juventud, era yo un niño muy resuelto y ya estaba acostumbrado a que se hiciera mi voluntad, así que mi hermano se llamó Carlitos. Y de hecho se sigue llamando, aunque le remendaron pegándole el nombre de un antepasado perdido que lo hace sonar muy elegante y no como una caricatura. Qué poco sentido del humor.

Pudo haberse llamado Matute. O Espanto.