Wednesday, February 27, 2008

Reencuentros cercanos

Me habían dicho que el bar de David estaba frente al parque del kiosko, pero vaya, que con eso de que tiene cuatro lados y a la gente ya no se le da eso de usar brújula, pensé que facilmente me perdería. Sabía también el lugar se llamaba Datura y con ese nombre lo busqué por todos lados, pero no hallé más que un par de cafés con nombres amables para hacer sentir cómoda a la clientela familiar dominguera. Hasta que vi un montón de gente amontonada en una esquina. Ese no era el bar, pero sí era el lugar de la fiesta, que ante la positiva respuesta, tendría que realizarse en un local adjunto capaz de albergar a las tres bandas invitadas, los chorrocientos ex alumnos y el millón 350 mil recuerdos que se esperaban esa noche según la Secretaría de Seguridad Pública.

Una de las bandas era la Tremenda Korte y las otras ni me enteré, pudieron haber sido los Beatles y Chico Che y la Crisis resucitados de entre los muertos y me hubiera dado igual porque más bien quería saber qué diántres había pasado con esa gente con la que compartí pubertades antes que andar de groupie. Además siempre me cayeron gordos el Tres Patines y la Nananina porque me recuerdan a todo mundo correteándome para ir a la escuela a las seis de la mañana. Y siempre se me figuró que transmitían en vivo desde la Cuba revolucionaria con equipos técnicos reciclados de la Unión Soviética que los hacían sonar antiguos, y esperaba que alguno perdiera los estribos y gritara ¡libertad!¡una balsa por piedad! Pero con los años entendí sería imposible, pues el mismísimo Fidel, siempre perfeccionista, supervisaba la transmisión y a veces dobleteaba en el papel de la Nananina.

El chiste es que ni siquiera me di cuenta cuando tocaron. Yo sólo vi entrar a los instrumentos y luego salir, así que pensé estarían desvalijando un coche o cosa parecida, porque no escuchaba nada en medio de todas esas voces que conocí cantarinas y hoy sonaban cascadas por los años y los tragos de alcohol barato, pero que a pesar de todo me llenaron de alegría con sus dulces y aguardientosas palabras. No es cierto, están todos muy conservados, a unos les pegó duro la embarnecida y a otros también, unos tienen el rostro surcado de algunas arrugas y otros de un montón, unos se están quedando calvos y otros ya lo están. Pero en el fondo siguen siendo las gráciles gacelas con las que un día bailé.

Con regocijo descubrí que no nos esterilizaron en secreto con algún bebedizo, pues conocí a los retoños de mis compañeras de generaciones previas. Se veían bastante sanos y vivarachos, además de completitos, así que supongo el arte no provoca taras ni tiene tanto que ver con la Talidomida como yo pensaba. Ahí tienen que yo no paraba de decir improperios y los niños opinaban y todo aunque no supieran hablar. Muy bueno, cuántas viejitas necias no tuve que insultar de niño para defender mi derecho a la libre expresión y balbuceo.

Mi escuela era una casa vieja en la Colonia Roma adaptada por el INBA y Dios Nuestro Señor para servir de hospicio a nóveles artistas. Tan chiquita, que todo mundo se la pasaba afuera, porque adentro nomás no cabíamos. Además eramos espíritus libres, almas atormentadas que vagaban entre clase y clase esperando el día para cortarse una oreja y pasar a la posteridad. Y así esa noche, todos acabámos en la calle, porque otra vez como entonces, las parades nos quedaban chicas. Y patrullas llegaron a meternos a la fuerza, y fue ahí donde conocí el bar Datura, un pequeño y acogedor lugar donde a falta de algo sin alcohol, la más amable bartender me preparó un agua de limón.

Cinder

Monday, February 25, 2008

Encuentros extraños

Uno de los encuentros inesperados de aquella noche en el Salón Caribe, fue el que tuve ya entrada la madrugada, cuando la gente comenzaba a irse y las autoridades del antro prendían la luz y ponían a Locomía para espantar a una concurrencia que confundida bailaba jugando con abanicos imaginarios en el aire, pero no se iba. Cuando a lo lejos alcancé a ver un rostro familiar, el enésimo aquella noche, familiar no por consanguineidad, sino por haber compartido un momento allá lejos, en la noche de los tiempos, cuando la pubertad aún no mancillaba la blancura de nuestros cuerpos y queríamos ser adultos y tener 18 años para hacer todas, toditas esas cosas que hoy de viejos jamás hacemos.

David es su nombre. La nuestra era una escuela de arte donde lo primero que se aprendía era a padecer el hambre del artista. Todos parecían no haber comido en días y si por casualidad descubrían que en tus manos tenías algo medianamente comestible, como hienas se abalanzaban sobre ti y aquello que te ibas a comer. Uno asumía que tendría que compartir con las cien bocas del hospicio o aprendía a comer a escondidas, en la oscuridad. David era el oscuro rey de los pedigüeños, esos de los que sabías nunca podrías tomar revancha en forma de torta o Dorito Nacho, de los que tenías que escapar porque vendrían sobre ti con la mirada perdida, los brazos abiertos y gritando ¡quiero! ¡quiero!.

Y ahí estaba él. Y me dio tanto gusto verlo por haber pasado tantos años. Y por no tener mi lonchera en las manos. Y después de un efusivo abrazo, me recordó que pronto sería el tan ansiado encuentro escolar, la verdadera prueba para el ego, donde sabrías si eres capaz de mantener tus logros en silencio o te confesarías el inventor del Post-it, como me habían dicho por correo Sabimel y Nayira, las Romy y Michelle de nuestra generación. Pero además, David me avisó que el reencuentro tendría lugar en su bar, suyo de su propiedad, al que me invitaba esa misma noche, pero al que no pude asistir por compromisos adquiridos con anterioridad.

Mas esperen, cuando me dijo "bar" lo primero que imaginé fue el típico lugar con candelabros de cristal checoslovaco, mesas de caoba tallada, terciopelo rojo y un espectáculo de burlesque protagonizado por un grupo de francesas de medidas idénticas y cuerpos perfectos. Pero era David, y era en Santa María la Ribera, zona muy respetable pero que poco tiene que ver con Montmartre. Así que comencé a contemplar las posibilidades y las ennumeré de la siguiente manera:




1.- David tiene un bar en forma, con los candelabros, las mesas, el terciopelo y no las francesas, pero sí unas triates mexicanas que no tienen desperdicio.

2.- David no tiene un bar en forma y así le llama a un oscuro localucho en el que se reúne con sus compinches para tomar alcohol y olvidar sus cuitas.

3.- David metió a su santa madre en un asilo y convirtió su bella casa porfiriana en un bar en forma.



Y como siempre mi realidad superó mi ficción. Caminé por calles sin luz y pasé por vecindades de arquitectura increíble tristemente consagradas a San Skeletor. Llegué al Kiosko Morisco. Caminé un poco más. Y ahí me vi aquella noche...

Nunca borro comentarios ¡jamás!

Friday, February 22, 2008

Esto es el SMS más largo que verán en su vida

Mi computadora no sirve por enésima vez desde que tengo blog y les escribo esto desde ese teléfono que me alegra la vida como deberían hacer los hijos que la vida me ha negado. Y María José pregunta por comment si estoy despierto y dice debí hacerle una visita estando tan cerca de sus viveros. Y tiene razón, pero es que no conoce las oscuras circunstancias que rodearon ese hecho y que de repente creo correcto compartiros.

Llegando venía yo desde muy lejos y la noche del sábado asistí a una fiesta donde ocurriéronme los encuentros más insólitos e inesperados. Encuentros sobre los que no abundaré, pues en ello me irían tres posts. Otro día lo sabrán. Salimos de ese antro de vicio y perdición y después de una breve discusión sobre drogas con una mente tan lúcida y brillante que prendió un cigarro por el lado del filtro, el sol me sorprendió en la calle, así que corrí a cambiarme de ropa y quitarme el olor a cigarros y copas y mota que no fumé, bebí, ni me administré y me enfilé a dar la primera clase privada con una eminente doctora en economía con quien estaría tres horas.

Fue al salir de ahí, que recibí el mensaje de alguien a quien me une un profundo lazo afectivo que una vez fue de carne, pidiéndome le acompañara a una meditación en los mentados viveros. Armándome de toda la paciencia y buena voluntad que pude encontrar en este cuerpo que es fuente infinita de luz y bajos placeres, me dirigí a los viveros. A fin de cuentas, ¿Qué más grande regalo que ese tan simple de la meditación? Siempre resulta conmovedor contemplar a tan fútiles criaturas tratando desesperadas de acercarse a lo divíno y disfrazando su angustia como la paz más profunda.

Así que llegué y una vez en los viveros, nos dirigímos al grupo. Y ahí estaba él. Y con sólo verlo supe que eso sería todo menos meditación. Un ejercicio de manipulación, un bocadillo para el ego de un perdedor de esos que juran que los ángeles les dictan coplas y en resumen, nada interesante. Uno de esos charlatanes grandilocuentes que conozco tan bien y con los que vengo lidiando desde que tengo
uso de razón y discutían si mi extraño proceder tendría un orígen oscuro o de revelación.

Y así, unos trataban de sacar el mal de mis entrañas con acusada violencia y otros sólo me alentaban a caminar hacía la luz. Los conozco a todos. No por nada soy una deidad encarnada que no quiere blog, pero que a través suyo les revelará la única verdad. Los hay bienintencionados, otros con una genuina capacidad, pero los hay como este gusano a los que no es divertido seguirles el juego. Así que
me hice a un lado y escribí el post de las ardillas mientras escuchaba al tipo diciendo disparates espiritualoides y a un par de niñas regordetas, solitarias e ilusas que llenaban sus vacíos con una supuesta conexión karmática con el mezquino aquel que seguía vociferando conceptos y datos de los que no tenía la menor idea.

Y mientras yo me preguntaba qué tan profunda podía ser la estupidez humana. O qué tan profundo el vacío para tener que llenarlo de lo que de cualquier manera no encontrarán afuera.

Y yo tengo un examen temprano y ni por eso procuro dejar de bloguear a deshora.

siempre estoy despierto

Tuesday, February 19, 2008

Manos asesinas

Me encanta venir a los viveros de Coyoacán a ver como los papás ridículos enseñan a sus hijos a alimentar ratas pulguientas y rabiosas, nada más porque son de culo peludo como si eso
fuera una cualidad, porque si así lo fuera, sabemos de alguien que tendría comida gratis hasta el 2023. Por cierto, ocurrióseme sentar en el pasto a ver cómo los muy tarugos se acaban bolsas enteras de cacahuates, el alimento oficial del animal exótico, chango, ardilla o elefante, y no conformes con eso, intentan captar el mejor ángulo de sus retoños para convertirlo en una imagen como esas que tanto les han conmovido en la papelería.

No les tomé una foto porque temí que Dios Padre me castigara volviéndome padre, estúpido y correteador de ardillas. Pero imagínense nada más al orgulloso señor correteando a su lombricienta, barrigona y jiotuda hijita mientras intenta alimentar a los roedores. Porque además se sienten desperdiciados por el Discovery Channel y adoptan las posiciones más ridículas para captar al feroz animal en su estado natural.

Pero les decía que me senté en el pasto y ya de cerquita estoy viendo un montón de bichos rastreros microscópicos de esos que se te meten por las orejas y te comen el cerebro o te chupan
la sangre y te pasan una enfermedad tropical. Ouch. Acabo de aplastar uno. Y no estaba lleno de roja moronga como sospeché, era relleno verdecito como el pasto. Creo que lo malinterpreté y era una inocente criatura del señor que se alimentaba de pastito y verduras y no intentaba darse un banquete de Platón con mis sesos como platón principal. Perdón.


Yo que pensaba que la estupidez le era exclusiva al género humano, pero me anda rondando una ardilla bruta que está tan atiborrada de cacahuates, que ya no se los come y los está escondiendo para los tiempos de frío. Yo sabía de este hábito y tenía entendido que consistía en enterrar profundamente el alimento para que no se los robaran y matenerlo seguro. Nada más que esta pequeña pelmaza parece una viejita nerviosa que sólo toma un cacahuate y lo cubre con tres ramitas mientras me vigila con una mirada neurótica. Me dan ganas de sacar el cacahuate y aventárselo para que vea que no lo está escondiendo de nadie. Pero no, porque ya fue suficiente crueldad con la madre naturaleza y mi prójimo roedor por el día de hoy.

Él es ...

Hugo era un chavo super alegre, que disfrutaba haciendo reir a todo mundo, tenia 28 años cuando murio, y no, no pasaron 30 minutos desde que cayó el arbol, murio instantaneamente ya que el arbol cayó en el asiento de atras de su carro y el toldo lo desnucó.
Hugo jugaba basketball los fines de semana y boliche los dias martes; era licenciado en ciencias de la comunicacion egresado de la universidad insurgentes, soltero y sin hijos (afortunadamente)

Nacio el 24 de abril de 1979 y murio el 23 de enero del 2008

DESCANSA EN PAZ HERMANO

ATTE. David Castro Lozano (hermano de hugo)

Friday, February 15, 2008

Pernod Fils

No entiendo a la juventud anoréxica y alcohólica de hoy que se conforma con que en sus fiestas haya cerveza barata y se sienten afortunados si en su mesa tienen Sabritones rancios, esos horribles chicharrones de harina que dicen tener limón pero sólo están retacados de ácido cítrico suficiente para corroer las tuberías de la ciudad y exfoliar los rostros grasientos de tres generaciones de adolescentes acnéicos.

Qué les costaría tener una cena ligera con sus tres tiempos y entonces sí, un baile de máscaras y convite para que sus invitados gozaran departiendo a la luz de las velas mientras el faisán y el aspic de foie gras les hace digestión. Pero no, en la facultad esa en la que estudio y en la que por cierto no me he parado últimamente, les encanta celebrar en lodosos terrenos baldíos y brindar con vasos de unicel. Qué digo vasos, contenedores, tambos en los que puedan tomar aquella cerveza barata que mencioné antes por litros. Los mismos litros que nunca en su vida tomarían de agua, no se les vaya a recargar el riñón.

Pero en fin, que en últimas fechas me he enfrentado a un problemita propio de las fiestas en las que sí hay comida, pues cuándo pregunto que sería bueno llevar, invariablemente me dicen que "lo que vaya a tomar". Y claro, como hombre de mundo que soy, deben pensar que llegaré con una extraña botella de absenta o una antigua cosecha de vino francés, pero sucede que no acostumbro el alcohol ni los estimulantes del sistema nervioso central. Aunque tampoco me gusta el agua simple, así que no haría la ridiculez de llegar con mi garrafón de Electropura, y tampoco voy a llevar mi propia infusión de hierbas como viejito loco, ni té en una botella de refresco como ese pobre compañero de la escuela que llevaba una botella de plástico verde con una extraña infusión que el llamaba té y estaba cargada de cuerpos extraños y natas que flotaban muertas en el centro de su botellón.

De ninguna manera me creo capaz de ser como esos niños kermesseros y aparecerme con una cazuela de chicharrón en salsa verde, o como otro compañero de la escuela, una de arroz con huevo duro. ¿En qué estaba pensando su señora madre? ¿Saben qué pasó con esa cazuela de arroz con huevo duro?

¡Nada!

Estoy seguro que si regreso al salón de mi escuela primaria encontraré el esqueleto de la señora Morales, mi maestra, y la cazuela de arroz con huevo duro aún intacta. Pobre señora, imaginen que tantísimos años después yo sigo aquí injuriándola en mi blog por su infame cazuela de arroz con huevo duro. Por eso yo no me arriesgaría.


¿Qué debo llevar?

Au

Tuesday, February 12, 2008

Gran evento



Como consuelo frente a la mala calidad fotográfica del mesías de los teléfonos celulares, aquí hay una muestra de mi tan querido Nokia 3200, ese que retrató todas las barrabasadas* de las que aquí escribí en el pasado y que como podrán ver, o tal vez no, me proporcionó imágenes aún peores a las del iPhone. Pero claro, él no prometía redimir al mundo de la tecnología y salvar mis dedos de los cochinos teclados y darme la felicidad eterna, con él todo era ganancia.

Esa foto la tomé en un edificio horrible y decadente que hay en el centro y que uno de esos genios que abundan en el DF decidió dedicar en su totalidad al SEXO. Claro, cuando vio el éxito que tenían todas esas ferias sexuales con filas y filas de mexicanos reprimidos cansados de masturbarse en la soledad ...


¡¡¡UPDATE!!!

¡eSTÁ TEMBLANDO! Qué emoción, nunca me había agarrado a medio post, mientras esto escribo, se mueven aún las persianas y todas las cosas que cuelgan a mi alrededor, espero que no se vaya la luz. No se va, no se va. ¡No se fue! ¡Albricias! estas son el tipo de cosas por las que no vale la pena dormir, ¿se imaginan estar babeando una almohada mientras todo lo emocionante pasa a su alrededor? Tiene que ser una señal, seguramente de algo muy bueno, increíble, como el fin de los tiempos o uno de esos eventos divertidos que fueron profetizados el día de mi llegada. Dejen busco en la Biblia y el Corán y todos esos libros religiosos apocalípticos que tanto les gustan a ver si encuentro la profecía de cuando me agarraba el temblor posteando y la bestia de siete cabezas y la suripanta de Babilonia y así.

Mientras les acabo de poner en antecedentes, ese decadente edificio tuvo lugar después de las ridículas exposiciones de sexo que se hicieron populares en los últimos tiempos y que no son nada más que una muestra de lo profundamente patéticos que podemos llegar a ser. ¿Dudas?



De pronto cuatro paredes fueron demasiado poco para las ansias onanistas de los mexicanos y sin lavarse las manos, se volcaron a estos templos de ciencia y cultura. Esas fotos no las tomé yo, ni son de mi celular, pero ya ven, me cuesta trabajo escribir de una sola cosa, tan sencillo que hubiera sido poner la foto y un piecito de página, pero en fin.


Aquí otra imagen de la finísima concurrencia. Y fíjense en algo. Todas, absolutamente todas las cabezas están escurrientes de gel, tostadas, crujientes. Y eso sólo confirma esa mi hipótesis que en este instante se vuelve teoría acerca de Los malamados, aquellos hombres que ante la imposibilidad de ser amado o siquiera recibir una caricia, cuantimenos un arrimón, pueden cubrir sus cabezas con tortas y retortas de porquería, pues las probabilidades de que alguien los despeine en medio de un frenesí de amor son muy remotas, remotísimas.

Y ahí están, todos muy peinaditos. Claro, no faltan los audaces, aquí mi héroe.




No conozco al tipo de camisa a cuadros sensual y estratégicamente abierta, pero le corté la cabeza porque con suerte y con eso de que mi blog es inmensamente popular, su madrecita es lectora y no quiero que caiga muerta frente al teclado. Porque señora, su hijo, ese al que le corté la cabeza, se tomó la foto con todas las estrellas porno, pues por alguna razón que no alcanzo a comprender, piensa que si la pone en un marco sobre su buró , sus amiguitos van a pensar que es su novia o algo así. También les corté la cabeza porque sería incapaz de mancillar la privacidad de una estrella porno.

El caso es que luego abrieron un edificio en el que una exposición así sería eterna y que lógicamente haría a su creador el hombre más rico del mundo. Afortunadamente ni siquiera los mexicanos somos tan tarugos y al poco tiempo el mega proyecto semi fracasó y dedicaron la parte de abajo para vender cosas decentes y cristianas y la parte de arriba para el pecado, la perdición y dildos de colores. Allí no te dejan subir sin identificación, pero un día como a las cuatro de la mañana después de comerme unos churros con canela del Moro, subí y me encontré ese letrero de arriba.

No me asomé ni por curiosidad porque asumí que estarían todos encuerados y recordé que los mexicanos acumulamos grasa de maneras misteriosas, siempre desconcertantes y poco placenteras a la vista. Y con la finísima concurrencia de las expo sexo en mente huí tan rápido como pude.

*Barrabasada. f. fam. Travesura, acción atropellada y sin tino.

El asterisco lo puse porque quería recalcar lo chistosa que es la palabra barrabasada y preguntar si por venir de Barrabás tendría que ver con hacerle cosas feas al niño dios, pero quién iba a decir que antes del asterisco iba a temblar y yo me iba a desviar del tema y hablar de las expo sexo y toda la cosa. Yo sólo pretendía acabarme las fotos del otro celular. A ver a qué horas.

Monday, February 11, 2008

Pobre iPhone

¿Qué habrá hecho para merecer ésto?



Unos dedos chamoyudos y amantes de lo embarrado mancillando su purísima pantalla sensible al tacto y a los malos modos.




Se lo merece por sólo tener dos megapinchurrientos megapixeles y por robarme el protagonismo en las fiestas y reuniones, todos quieren tocarlo y estar con él a solas, comienzo a odiarlo. Lo cargo en la bolsa porque no soy de esos que se lo cuelgan del cinturón, pero le voy a comprar un portamugre de esas para ponerlo en ridículo y hacerlo sentir como el celular de un policía judicial.

También porque le tomé foto a esta moto-marisquería y salió muy mal.



No se distinguen las sirenas, las olas del mar espumosas y las chicas playeras que la adornan.

Todavía tengo un montón de fotos guardadas en mi celular viejito que tengo que postear ¿Cómo le hago? Pensaba postear diario como cuando era joven para acabármelas rápido, pero mi contador me dijo que no porque el público era malagradecido y no comentaba suficiente y hasta me sugirió que no posteara hasta que no hubiera treintaicinco comments por post o cincuenta mil pesos en bonos del ahorro nacional. Háganme el favor.

Quinquae viae

Thursday, February 07, 2008

Ash

Cómo extraño esa época cuando para tener un retrato, debías tener una fortuna y la paciencia para estar seis meses pasando las tardes con un artista que a fuerza de pinceladas capturara cada poro abierto y arruga en tu rostro y tu capa de armiño. Ahora cualquier mugroso puede tomarse fotos hasta con su teléfono. Qué bueno sería que en lugar de fotos, cada post estuviera ilustrado con pinturas al óleo de todos esos pobres a los que critico. Me tardaría más en postear, sería cosa de cada seis meses en lo que acabo de retocar y organizo a mis modelos para posar en el metro, soy un artista muy cuidadoso de su obra.

¿Qué creen que hay ahí en esa cajita dorada?



Asómense y vean. ¿Qué es?



Un polvo negruzco, hecho a base de imágenes de santos descontinuados y ramas benditas del Domingo de Ramos, ceniza pues. Sería la envidia de cualquier bruja de la Edad Media buscando ingredientes para su pócima o de esos tontitos que se sienten muy malos y se roban las ostias consagradas para hacer rituales y comer niños. Pero no, es sólo que soy muy beato, pero muy independiente y no confío en nadie más que mí mismo para aplicarme los sacramentos y similares:



Para que vean que el Padre Maciel no era el único en la iglesia con dedos privilegiados capaces de actuar con total impunidad.

+ Memento homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris

Friday, February 01, 2008

Quantum Leap

No quiero decepcionarlos, pero a pesar de nuestro Saks Fifth Avenue que por si no se han dado cuenta es un SEARS con empleados entrenados para decir Buenos Días y en el que Winona Ryder no pensaría en robarse ni un calcetín, seguimos viviendo en el tercer mundo. Lo que me pregunto entonces, es en qué escala de subdesarrollo nos encontrábamos cuando había que escribirle una cartita al tío Gamboín rogándole que regresará nuestra caricatura favorita, para que el venerable ancianito respondiera dándole cuerda a su changuito tamborilero y diciendo que pasaría nuestro mensaje a la gerencia.

Y si al fin volvía eran los mismos tres capítulos que habían comprado desde el principio y que repetían una y otra vez. Si no es que la televisión fuera tan memorable, es que nos hicieron aprenderla de memoria y por eso hay tanto treintañero nostálgico gastándose la quincena en juguetes.

Había en los noventas un programa que me gustaba cantidad acerca del viaje en el tiempo y demás patrañas en el que un tipo que además de físico era médico, músico, arqueólogo, astrónomo, políglota y karateca, regresaba en el tiempo ocupando el cuerpo de otras personas para resolverles la vida y evitar que fueran unos perdedores imbéciles y buenos para nada. Y ya que la secuencia resultaba muy importante, ahí me tienen todos los días a las 9 de la noche esperando con un cirio pascual encendido para que los del Master de canal 5 se tentaran el corazón y respetaran la secuencia de la historia o por lo menos no repitieran el mismo episodio de siempre.

Como podrán suponer, nunca lo hicieron, así que con el tiempo entendí que sólo habían comprado algo así como dos temporadas partidas a la mitad y nunca iba a entender nada. Pero ahora resulta que está de vuelta en Sci-fi Channel. La cosa es que si no tengo tiempo de contestarle el teléfono a mi madre que me dio la vida, menos voy a tener una hora a media tarde para sentarme a recordar y tejer suéteres de Chinconcuac mientras sopeo conchas en chocolate caliente.

Entonces hace un rato, mientras delineaba un esquema definitivo para la completa dominación del género humano y universo conocido, decidí prender la televisión nomás como fondo musical y le atiné a la repetición de las cinco de la mañana. Como tienen el mismo doblaje que la versión de canal 5, asumí que serían los mismos capítulos que me aprendí de memoria, pero no fue así. Gran sorpresa me llevé cuando era uno nuevo que además lidiaba con temas oscuros y complejos. De inmediato recordé que alguna vez me enteré que conforme avanzaron las temporadas, las historias se volvieron más complicadas y en algún momento, el Dr. Sam Beckett apareció en el cuerpo del mismísimo Lee Harvey Oswald.

Ahora resulta que lo bueno de cinco décadas de televisión tercermundista, es que de pronto tus programas favoritos de la infancia tendrán nuevos capítulos muchos años después de muertos.

¿Qué programas extranjeros habrá transmitido completos la televisión mexicana?

Al final resultó que el próximo capítulo es el de Lee Harvey Oswald. Vaya casualidad. Así que veré como es que el Dr. Beckett mató o no mató o fue inculpado en el asesinato de John F. Kennedy. Si alguien sabe dígamelo o véalo en el Sci-fi channel.

Viajeros en el tiempo