Thursday, August 30, 2007

Cierre esos ojos

No soporto hablar con alguien que no me está viendo a los ojos. No es como si tuviera un par de distractores y turgentes senos que desviaran la visión de mi interlocutor, así que lo mínimo que pido cuando sostengo una conversación es contacto visual. Esto me ha traído más de un problema a lo largo de la vida y ahora recuerdo que incluso en la secundaria una maestra me reportó nomás porque no le gustaba mi mirada a la muy mentecata.

Por otro lado debo decirles que peor que no ver a los ojos, es utilizar esa técnica barata de revista para quinceañeras que dice más o menos así:

"Si no puedes mirarlo a los ojos, escoge algún otro punto en su cara y enfócate en él"

Muy mal. Nada más molesto que alguien que se te queda mirando fijamente a un grano o te cuenta las pecas mientras tú le pides que deje de acosarte y tratas de hacerle entender que un oso de peluche bañado en su propia sangre no es un detalle romántico. Y es que es muy fácil darse cuenta hacía donde se dirigen los ojos de una persona y sí está viendote a ti o alguna otra cosa.

Por cierto, si es que han usado sus ojos en los últimos años, también se habrán dado cuenta que aún al fijar la vista en un punto, somos capaces de apreciar lo que sucede en un campo de visión de más o menos 180 grados, lo que nos permite ver cosas con el rabillo del ojo que tal vez nos sería mejor ignorar, dejen les cuento.

Estaba yo platicando con un tipo en uno de esos encuentros de pasillo de los que uno debe escapar con un rápido saludo y en el cual me detuve por pura cortesía, cuando mientras me soltaba una larga perorata acerca de alguna necedad que no viene al caso recordar, con el rabillo del ojo me pareció ver algo moviéndose a la altura de su entrepierna.

No lo tomé en cuenta, al fin que poco me importa si la gente carga ratones en la bragueta o la usa como bodega para guardar sus frijoles saltarines. Pero a pesar de que mi vista estaba en la mirada de aquellos con quien hablaba, de reojo seguía notando mucha actividad en aquella zona. Entonces me di cuenta que era la mano de aquel tipo que metida en su bolsa hacía una serie de suertes con sus zonas erógenas.

Sí era comezón o estímulo recreativo es cosa que poco me importa, lo que me empezó a preocupar es que llegaba el momento de despedirnos y me extendería la mano, esa misma con la que se jugueteaba, y pretendería entonces que le diera un apretón. Pero la idea de estrechar esa mano que segundos antes retozaba juguetona entre sus jugos me petrificó el alma y por más que traté de hacerme entender que no había un sólo caso registrado de contagio de sífilis a través de una mano que había estado de puerca en la bolsa de un pantalón, no me convencí.

¿Qué se hace en estos casos?

Dos aclaraciones, dos.

1.- Sí leo los comments. Todos y cada uno. Y los guardo entre higado y corazón.
2.- El gato me mordió, después de que lo pise.

Sunday, August 26, 2007

Post apocalíptico con las fotos de las tortillas y el picadillo del post pasado y otras señales del fin de los tiempos

Por fin después de días con Telcel haciendo berrinche y cobrándome mensajes multimedia que nunca llegaron, pude subir las fotos, disculpen la demora y el post extra extenso por aquellos días que no posteé. Dirán ustedes que soy repetitivo, pero aquella chica que comía picadillo en el metro no se echó una tortilla, sino tres.

Tres-tres-tres

Parecían estar suaves y calientes, como recién hechas, aún conservaban una buena textura a la vista y no se habían vuelto duras o tomado consistencia chiclosa, pues ella podía hacer un rollito fácilmente entre sus manos. Y aunque ese preciso momento escapó de mi cámara y en las fotos no se distingue claramente la tortilla, en la de abajo pueden ver que en una mano tenía la cuchara que llevaba pletórica de picadillo a su boca:



Y en la otra tenía la tortilla que combinaba entre mordida y mordida



Al otro día mientras esperaba el metro en la orilla del anden, tras de mi escuché una voz tipluda y cascada vociferando improperios y maledicencias. Cuando volteé a ver de quién se trataba, descubrí a una de esas viejitas flacas, tasajudas y de ojos desorbitados a las que de pronto se les bota la canica y salen a gritar cuanta cosa se les ocurre. Al igual que aquellos que comen tacos de picadillo en el metro, estas damas de la sinrazón me provocan mucha ternura, así que suspiré y me hice el tonto para no importunarla. Ni siquiera le tomé una foto en señal de respeto por su locura.

Pero en eso, empezó a gritar sobre unas Brigadas Rojas, un complot universal, el Anticristo y acusó a alguien de haber robado algo al Vaticano. Un escalofrío recorrió mi espina y de repente entendí que la mujer no estaba del todo loca, sólo sabía demasiado. Y temí entonces, viniera tras de mí. Así que la vigilé de reojo y me tranquilizó saber que aunque yo supiera la verdad, para el resto de los mortales era sólo una desquiciada que no merecía mucho crédito, pero sospeché trataría de lanzarme a las vías para obligarme a exponer frente a todos mi inmortalidad o en todo caso, comprobar con mi muerte que en mí no había nada malo.

Y cada vez más parecía dirigirme sus gritos y la gente comenzaba a mirarme como preguntándose que habría yo hecho para ponerla así. Al final de cuentas pensé aquello de perro que ladra no muerde y seguí haciéndome tonto, a fin de cuentas había muchos policías y en caso de algún problema con seguridad intervendrían. Pero eso estaba pensando cuando la viejita se abalanzó y comenzó a golpearme. Como lo leen. Y con todas sus artríticas fuerzas. Pero adivinen qué hizo la policía. Pues nada. Ni modo que la detuvieran por estar loca, si eso no es delito, no es la cosa más elegante, pero no es un crimen.

Lo bueno es que el convoy estaba llegando y pude meterme y escapar de aquella mujer que se quedó fuera gritando cosas que mis castísimos labios no se atreven a repetir. Lo peor fue la mirada de la gente que me inspeccionaba como esperando que me pusiera a llorar o a gritar o alguna reacción que les explicara qué había pasado. Y esos mismos que antes me miraban con enojo lo hacían ahora con una mezcla de ternura y consideración al haber sido yo la victima de tan extraña señora. A la que por cierto encontré en la linea verde que va hacía la Universidad, para que extremen sus precauciones.

Pero apenas salí del metro y mientras caminaba sin haberme repuesto aún de la sorpresa, el muchacho que iba frente a mí empezó a escupir espuma y a convulsionar. Un hombre que venía con él, así como las buenas y metiches señoras que nunca faltan, se apresuraron a acercarlo a una pared y a echarle aire con cuanto artilugio tenían en las manos. Y sólo para que no digan que estoy completamente loco, les tomé una foto para que vieran. Lo más triste del caso, es la niña con el suéter hecho bolas como la Chilindrina.



Pero como si algo faltara y con eso de que los animales todo lo ven, un gato loco como la viejita, me atacó y mordió ése, mi único punto débil, el talón del que en la noche de los tiempos me tomó mi madre para sumergirme en el río sagrado. Y en él clavó sus dientes. Y de él brotó sangre, roja y caliente, como la de un humano.

Wednesday, August 22, 2007

Tacos de desaguisado

Estaba en el metro a punto de llegar a la escuela, cuando a lo lejos descubrí a una joven abriendo un traste de esos que el capitalismo globalizante nos ha enseñado a llamar toper, pero que en correcto inglés se llaman topergüer. De una servilleta sacó una cuchara con la que removió un contenido rojo parduzco que a primera vista parecía ser chorizo, chistorra o algún tipo de embutido preparado, el cual procedió a comer como si en ello le fuera la vida o no hubiera probado bocado desde la cuaresma del 99.

Tal era su avidez, que me despertó una inmensa ternura, esa que sientes al contemplar a alguien satisfaciendo una imperiosa y básica necesidad, como cuando ves a un niño acalorado tomar agua haciendo ruidos y echándosela encima incapaz de controlarse, o cuando abres los ojos en medio de un beso para descubrir con horror que alguien trata de arrancarte el hocico de una mordida y llegar al éxtasis al mismo tiempo. O cuando encuentras a alguien masturbándose impunemente frente a tu imagen. Ternura.

Por si fuera poco, después de dar una cucharada y como por arte de magia, de su bolsa sacó una tortilla. Como lo leen, una tortilla que además tenía buen aspecto y la cual medio enrolló con una mano para a continuación combinar una cucharada de guisado y una mordida de taco. A pesar de la distancia, pronto percibí un sutil aroma a picadillo, ese platillo hecho a base de carne molida, verduritas picadas y en algunos casos desafortunados, pasas y acitrón. Pero a mi nariz sólo llegaban las notas dulces de la zanahoria y el almidón de la papa, con la astringencia del tomate y el casi perdido aroma de la sangre en la remolida carne, así que éste, no era uno de esos casos desafortunados.

Terminó con la tortilla en tres bocados y por difícil que parezca, de inmediato sacó otra y esta vez, uso ambas manos para enrollarla correctamente y empujarse su guisado. No me quedaba más que admirar su valor al comer de manera tan abierta e intima frente a todos, era como si no pudiera vernos. Fue entonces que recordé cuando conocí a una persona que repudiaba a aquellos que comían en el metro. En su momento traté de explicarle, mas después entendí que no tenía sentido pues era francamente imbécil. Pero en su defensa debo decir que había nacido en otra ciudad. Habría tenido que ser aquí concebido para entender que los chilangos comen en el metro porque en él aprendieron a hacerlo y algunos incluso, fueron ahí amamantados.

Y aquí podría incluir el testimonio gráfico de una madre alimentando a su hijo en el metro, pero no lo hago para no volver éste un espacio para perversos cazadores de pezones maternos.

¡Fuera de aquí! ¡A resolver sus Edipos a otro lado!

Y faltaba todavía una tortilla para que terminara esta historia y cuando se la acabó, hubo de guardar su cuchara, tapar el toper aún con un poco de picadillo y salir corriendo a quién sabe dónde. Por supuesto que le tomé una foto pero por alguna razón los mensajes de mi teléfono no llegan a mi correo.

Culpen al dueño de mi linea telefónica, la suya y otras 35 millones más.

SI

Sancte Ioannes

Monday, August 20, 2007

Sufrida cola

Hoy era el último día de la exposición esa de la ilustrísima y cejijunta Frida Kahlo, y aunque ya había ido antes, escuché que no cerrarían hasta que entrara el último mexicano amante del arte en la fila y me imaginé una verbena popular y un jolgorio interminable, así que siempre ávido de experiencias nuevas, me disfracé de ciudadano común y me fui a formar a ver que se sentía.

La cola le daba la vuelta al Palacio de Bellas Artes. La primera vez que fui ni siquiera había que formarse, todos olían rico y hasta te daban de comer en la boca.

Es que era el día de la inauguración.

Ah, si cierto.

La segunda vez fui con unos amigos de Londres que no hallaban a que museo entrar en lunes y que nomás lo vieron todo por encimita los muy flemáticos. Ya después fui en innumerables ocasiones en medio de la noche agazapado en la oscuridad, vestido todo de negro y trepando con una soga, creo que no había mejor forma de disfrutarlo. Mi parte favorita era el blog de Frida. Bueno, no era un blog, pero sus cartas de puño y letra estaban cubiertas con acrílico y colgadas del techo para que pudieras leerlas y pegártelas a la nariz, era ella muy jocosa y hubiera sido una increíble bloguera, además tenía bonita letra.

Y en la fila conocí gente muy divertida y revolucionaria y hasta me peleé con un señor que se me quiso poner al brinco cuando se me ocurrió enderezar las filas como si fuera yo Moisés. Y es que los mexicanos somos muy necios y no entendemos que la linea recta es la distancia más corta entre dos puntos y entonces hacemos círculos y curvas peraltadas innecesarias. Lo bueno es que para entonces ya tenía alborotada a una multitud enardecida que casi lo lincha por oponerse al cambio y la revolución.

Después me sentí mal con el pobre, porque le mengüé su imagen paterna autoritaria y se me hace que sus hijos ya no lo van a respetar después de que un mocoso lo puso en su lugar. Pensé que me iba a encontrar a mucha gente y sólo me topé con Güerotix y un alumno y el asistente de Gloria Trevi, pero sin Gloria Trevi.

Heute ist immer noch

Wednesday, August 15, 2007

Si hay algo que me molesta de no escribir es que ahora no hallo por donde empezar

Pues sí, por razones ajenas a mi voluntad, esa que en todo momento debe ser cumplida so pena de muerte inminente pero que en los pasados días no lo ha sido tanto, me he visto abruptamente separado de internet y por tanto imposibilitado de escribir con la periodicidad que chicos y grandes disfrutan por igual. He sólo podido escribir en mi querido diario, pero vaya, esa es sólo literatura apropiada para mantener entretenidas a madres que gustan de hurgar bajo la almohada de sus vástagos.

En fin, o tal vez deba decir en principio, y en principio digo pues, al fin y al cabo quién soy yo para contradecirme, que en estos días han pasado miles de cosas de las que quisiera contarles pero no sé ni por donde empezar. Por ejemplo:

El Sol y yo no nos llevamos bien. Siempre he sabido que siente envidia de mi brillo y que frente a mí se piensa con razón opacado, así que preferimos evitarnos a toda costa. Es entonces que mi piel luce de un extraño color, o tal vez debería decir no color, pues más bien parece un tono mortecino pero lleno de vida que aquellos los que me han visto y viven para contarlo, no saben como calificar y asimilan diciendo que estoy muy blanco o muy pálido o alguna necedad por el estilo.

Eso no me ha impedido tener propiedades en Mónaco, St.Tropez y las Galápagos, mas no es de bienes raíces de lo que quiero hablarles, el chiste es que el sábado fuimos a una comida deliciosa a la azotea de una más deliciosa anfitriona donde por más que me guarecí fui alcanzado por el astro ese al que me niego a llamar rey y terminé ligeramente bronceado.

No me molesta. Es sólo que no me reconozco en el espejo y espero ya con ansia el regreso de mis tonos verde amarillentos y mis amoratadas ojeras. Y si piensan que todo esto es basura superficial, esperen sólo un poco para que vean como me encuentro en un camino de superación constante:

¿Se acuerdan que me corté el pelo? Ya, no se esfuercen, me veía así:



Pero hace 15 días lucía así:



Deberían dar una póliza de garantía en la estética unisex. Qué chiste cortarse el pelo para acabar igual en un mes. Así que volví a cortarmelo y esta vez no tuve piedad.



Y en un acto de rebeldía contra lo establecido gozaba peinándome de la manera más propia y correcta, con un simétrico copetito que me diferenciaba de los mocositos que se paran los pelos para espantar a su maestra o los alternativos que detestan tanto al sistema que pasan dos horas frente al espejo con secadora en mano parándose el Mohawk. Lamentablemente mi manifiesto de contracultura capilar no fue entendido por este mundo retrograda y la mayoría de la gente pensó que mi nana me peinaba todas las mañanas con el jugo de un limón. Mentecatos.

Así que me lo he cortado con mis propias manos para dejarlo sin ninguna forma y ahora puede con justa razón decirse que mi cabeza es un desorden igual por dentro que por fuera.

Son las 4 de la mañana y estoy comiendo nieve de limón, pero debo dejarlos porque hice algo que me hace sentir muy sucio y necesito correr a bañarme y despegar el pecado de mi carne a fuerza de estropajazos y violentas exfoliaciones. De eso no puedo hablarles ahora, pero ya se enterarán en un libro que publicaré cuando mis hijos tengan la edad suficiente para entender y perdonar a su padre, que todo lo hizo por amor o por trepar en sociedad.

O tal vez más pronto. Mucho más.

To kiss a frog

Friday, August 10, 2007

PERMUTA: Trabajo Social en Acatlán, turno vespertino, por Medicina en C.U. turno matutino

Ya alguna vez expresé mi antipatía por esa serie palurda llamada Grey's Anatomy. En realidad mi desprecio se extiende a todo programa de médicos aburridos, pero muy sexies y promiscuos, que cada semana enfrentan situaciones que todo médico ha vivido en la realidad, como un paciente que llega con una bomba en las entrañas, bomba que además es detenida por una desequilibrada e inestable chica que después de pasar todo el capítulo con el brazo metido entre las vísceras del paciente-bomba, huye para dejar a la heroica protagonista sudorosa pero lista para dar la vida por su paciente, quien al final explota en una emotiva escena en la que ella sobrevive pero acaba tan traumatizada que sus compañeras deben encuerarla, bañarla y limpiar sus estratégicamente ubicadas y no desfigurantes heridas.

Estos galenos milagrosos igual practican histerectomías, operaciones a corazón abierto y neurocirugías sin importar su especialidad y entre guardia y guardia se dan tiempo para tener picantes aventuras, hacer retoñar ojos a los tuertos y caminar a niños inválidos.

Pero además de ser imprecisas, melcochudas, baratas y tan aburridas que hasta dan ganas de correr a hacer la tarea, en algún capitulo de la primera temporada de Grey's, mientras algún personaje intentaba demeritar las capacidades y conocimientos de otro dijo:

you studied medicine in Mexico or what?

Tsssss... eso ya calienta. Dirían si estuvieran en 3er grado de primaria.

Pero a pesar de lo que diga Grey's Anatomy, todavía hay montones de chiquillos tratando de entrar a la Facultad de Medicina de la UNAM, esa que aunque huele como la jaula de un hamster gigante, merece el respeto de las series baratas de Sony Entertainment Television. Es tanta la demanda, que la gente recurre a las famosas permutas, una legendaria figura jurídica mediante la cual se supone uno puede cambiar su lugar en la UNAM por algún otro en un diferente plantel o inclusive carrera.

Y la Ciudad Universitaria se llena de anuncios y ofrecimientos de permutas de la naturaleza más inverosímil. Y con el fin de ayudar a un alma desesperada que busca entrar a estudiar medicina y pensando que eso de las permutas es cosa fácil, me ofrecí a hacer el examen de admisión a la carrera de medicina para una vez aceptado hacer la permuta y ser todos felices. Así que me dispuse a investigar cuál sería el procedimiento adecuado y a buscar en los reglamentos la figura de la permuta...

Y nada, que no existe.

Resulta que la permuta existió, pero por allá cuando la universidad era pontificia, ahora no es más que una leyenda urbana sin mayor fundamento que el ardoroso deseo de poseer la carrera de otro.

¿Quién les dice?

Rehab

Wednesday, August 08, 2007

Bidé

Por razones que a nadie incumben y que francamente son muy poco interesantes pues no involucran crimen, política o aberraciones sexuales, una amiga compartirá departamento muy pronto con un nativo de la India.

Note aquí usted como evito el de otra manera inevitable debate por llamarle indio o hindú y el comentario sabihondo de algún incauto que me corregiría sin importar cual usara. ¿Lo ha notado? Continúe, pues.

Sus amigos mexicanos hemos demostrado una copiosa cultura pues ante las apuestas sobre la apariencia del susodicho visitante, tres de cada cuatro han coincidido en que indudablemente será más o menos así:


Dr. Mohinder Suresh, ese que sale en Héroes pero no tiene poderes.

Claro, nuestra única referencia nos fue proporcionada por Mamá televisión, esa que nunca nos falla y que sin importar la hora está con nosotros aunque sea con un infomercial y una faja que levanta la nalga, crema de esperma de caracol o algún implemento de masaje terapéutico no sexual.

Pero esos desaguisados culturales son lo de menos comparado con lo que aún nos espera. ¿Cómo le va a explicar a su inquilino que su refrigerador está lleno de seres sagrados fileteados y listos para ser comidos y que aquí engullen a las vacas sin importar lo tierno de su mirada y lo noble de sus sentimientos?

Pero les repito, eso es lo de menos. A ver, respóndanme sinceramente ¿Saben lo que es un bidé?

Mucho gusto.

Ese es un bidé. Esa como taza sin tapa que han encontrado alguna vez en un baño ajeno y frente a la cual no han sabido si lavarse las manos o echarse un trago. Pero ahora respóndanme más sinceramente, ¿Se han subido a uno? En México son cada vez más raros, pero así como ustedes lo miran con extrañeza, hay lugares donde no se concibe la vida sin un bidé para darse una refrescada y concienzuda lavada después de ciertos actos que me pregunto si será necesario que aquí les explique.

Pónganse del otro lado y díganme qué harían si no tuvieran a la mano al pachoncito que todos quieren, a su adorado papel del baño. ¿Difícil? Pues igual de raro es para los usuarios de bidé saber que una parte del mundo nomás se pasa un pedazo de papel y se acabó. Y todo esto viene a colación, porque para esos menesteres para los que en México se usa papel de baño vitaminado con manzanilla y aloe vera y tutti frutti y chispas de chocolate, en la India sólo usan agüita fresca y su mano izquierda, nunca la derecha, eso sería una cochinada.

Aquí es cuando imaginan al siempre propio y elegante Dr, Mohinder Suresh salvando bosques de la tala inmoderada, salpicándose agüita en las entretelas con su mano izquierda.

El chiste es que no tengo corazón para decirle a mi amiga que si no quiere encontrar a su inquilino trepado en el fregadero tratando de darse una enjuagadita, deberá darle un curso introductorio sobre el uso y manejo del papel del baño.

¿Voluntarios?

Hilton

Monday, August 06, 2007

Ya, lo último de las luchitas

Ese día en la lucha libre vimos a un tal Místico, al hijo del Perro Aguayo, a un ruso que hambriento se comía el calzón y a otros tipos que no alcanzábamos a distinguir entre tanta mascara y cabellera. A todos les gritaban mucho sin merecerlo tanto. En algún momento durante cada una de las luchas, alguno de ellos se aventó desde las cuerdas hasta el público para casualmente caer sobre el mismo señor gordo que seguramente era de hule espuma todo el, aunque se le veía bastante contrariado. Así que temo todo estaba fríamente calculado. Aún así yo me esforzaba por creer y en una de esas mientras los luchadores salían del cuadrilátero lanzando gritos e improperios dije:

- Cáspita, en los vestidores deben agarrarse a golpes.

- A besos, que se me hace - Replicó Elena.

Y pensaba en eso que les dije sobre tener amigos luchadores y en un momento recordé lo más cerca que he estado de uno de ellos.

Corrían los años de mi temprana adolescencia, tiempo en que la inconformidad y el repudio hacía uno mismo es cosa de todos los días, cuando decidí de pronto que necesitaba un poco de carne alrededor de mis huesos. Supuse entonces la opción más viable era entrar a un gimnasio, donde en cosa de algunos días, mi cuerpo se llenaría de bolas y protuberancias, por lo que preocupado me cuestioné qué haría con toda mi ropa cuando mis brazos comenzaran a romperla en pedazos y mis músculos crecieran sin control. Me dije en ese momento que en realidad no quería nada excesivo, sólo dar a mi ya de por si elegante porte, un toque atlético y animal.

Inocente de mí.

Pero mi negra y fallida historia en el gimnasio es material de otro post, lo que hoy deben saber es a quien mis ojos descubrieron apenas entré. Cargando algo así como 5 millones de toneladas, había un tipo que parecía un refrigerador y una voz interior me gritó de inmediato era el Cibernético. Y me dirán ustedes ¿eso qué, si todos hemos visto a ese tipo en la tele? Pero sucede que en esos días usaba mascara. Sí, había descubierto su identidad secreta. Y todos saben que con las identidades secretas se pueden hacer infinidad de cosas, como... mmmhh... este... vaya, que ahorita no me acuerdo, pero para algo sirven.

Yo no sabía más de luchas que aquello que la cultura general requiere, así que el siguiente sábado esperé como un fanático frente al televisor para encontrar alguna prueba de que sabía la verdad y no era el único con una doble identidad. Cuando por fin salió, me fijé en aquellos detalles que la mascara no podía ocultar y no sean puercos porque me refiero a los brazos y las orejas. Y además de un montón de arracadas, en el brazo tenía el tatuaje de una cadena muy particular.

Entonces corrí al gimnasio y ahí estaba, la misma cadena en el mismo brazo y las mismas arracadas en las mismas orejas.

¡Lo sabía!

Y básicamente ya, ni modo que muriera de emoción, pues ni que fuera Superman.

¡Feliz cumpleaños Tamara!

Saturday, August 04, 2007

¡Habla, Lady Apache!

Son las ocho de la mañana de un sábado cualquiera y en lugar de salir a correr a los Viveros de Coyoacán y prepararme para un nuevo día de trabajo fecundo y creador, vengo llegando de revolcarme en el fango del pecado. Antes de la revolcada tenía que ir a las luchas y a la fiesta ochentera de Chilango que tanto se me antojaba por ser ochentera y chilanga, pero a la que no pude llegar por ser el destino azaroso y la noche demasiado corta para ser verdad. Snif.

Las luchas son como los mexicanos llamamos comúnmente a la lucha libre, ese bonito y acrobático deporte o arte o chiste local que tanto arraigo tiene en nuestro pueblo, así que junto a una cuadrilla de intrépidos unos y otros más pazguatos, dispúseme a gozar de tan pintoresca escena. Es recomendable llegar temprano pues a diferencia de las funciones de opera y ballet que ustedes acostumbran, los asientos no están numerados y son como un gallinero general en el que se sienta primero el primero que llega. En algunas zonas el cemento está pelón y en otras existen unas sillas anatómicas como molde de gelatina con forma de nalga que son tan incómodas como el piso, o será que no he encontrado el molde apropiado para mi anatomía.

La cerveza y los cueritos fluyen indiscriminadamente, a tal grado que estoy casi seguro de haber visto bebiendo a más de un menor de edad. Aunque no puedo afirmarlo, igual eran señores con bajo peso y retraso en el crecimiento por desnutrición, nunca se sabe en México, además los cueritos con pelos no son fuente de proteína, sólo de repulsión. Los baños de caballeros no tienen espejos, pues los hombres que vamos a las luchas no nos andamos con delicadezas y somos tan machos que hemos olvidado como son nuestras facciones después de tanto tiempo sin verlas. Nos exprimimos los barros a tientas y por supuesto, no nos lavamos la cara. Los mingitorios no tienen separación porque tampoco vamos asomándonos y haciendo conjeturas y comparaciones con el señor de cara sucia que orina al lado.

Al ver el espectáculo entendí de pronto porque los mexicanos no van al teatro. Toda necesidad de ficción barata queda generosamente satisfecha con las luchas, pues si es que alguna vez las han visto en televisión y han cuestionado su veracidad, tendrían que verlas en vivo para darse cuenta del baile que se organiza en el cuadrilátero, más coordinado que en unos quince años, pero sin tantas vergonzosas caídas. El público por su parte es una mezcla de verdaderos aficionados que se involucran hasta el alma con los luchadores y celebran con el rostro desencajado cada maroma, y otro sector de morbosos malsanos que van a ver que se siente atestiguar como otros desencajan el rostro. Como yo.

Ya estando ahí, me pregunté por qué no tenía amigos luchadores. Después caí en cuenta que tal vez sí los tengo, pero nunca lo sabré hasta que me confiesen llorosos en medio de una borrachera porque desaparecen los viernes por la noche y regresan a casa sudorosos y con la frente sangrante.

¡Hablen!

Sol

Wednesday, August 01, 2007

Bien lo dice su abuelita


Como si lo hubiera escrito el mismo Pedrito Infante en la parte trasera de su camión de mudanzas, con esas letras modelo 1950 sacadas de los titulos de "Nosotros los pobres" de las que ya no hay. Y además lo encontré en una de esas sastrerías que huelen como si hubieras quedado atrapado en el cajón de tu abuelito. Por favor aprecien en lo que vale la abundancia de Venuses del Milo y casimir drapeado. Pero volviendo a eso de "Como te ven te tratan" no hagan mucho caso, qué saben mis abuelos, nadie que tenga un nietecito como yo merece crédito en sus aseveraciones.

Pero hagamos una pequeña prueba para ver qué tan cierto es. Observen la siguiente fotografía. Como tal vez no sepan pero probablemente intuyan, ellas forman un grupo musical. La pregunta es... Basándose en su vestimenta y actitud ante la cámara ¿qué tipo de genero musical creen que interpreten? Y más importante aún ¿cuál es el nombre de su grupo? ¿cómo les llamarían?

Mi elección se inclina por Quebradita Sensual Duranguense y esa nueva tendencia que ha tenido a mal llamar a los grupos con nombres que no alcanzo a comprender como:


"Grupo...Aroma"

No hallo ni como explicar porque no lo entiendo, pero no lo entiendo. ¿No hubiera sido más fácil que buscarán un aroma de su preferencia, quizás Rosas, Berenjenas, Duraznos en Flor y lo tomaran por nombre en lugar de "aroma"? Es como si a un niño por nombre se le pusiera "Nombre"... Hola, me llamo Nombre Gutierrez, para servirte... Además siempre está la posibilidad de que el publico piense en un desagradable aroma. No alcanzo a comprender. Y aquí va otro ejemplo en la misma vertiente que tampoco entiendo pero también me gusta para ellas:

Este no puede ser el nombre de un grupo, si acaso de la sección de una revista. No, de un periódico. Uno local, perdido en una ranchería muy ensimismada que piensa que los horóscopos de Durango tienen algo especial que los horóscopos del D.F. no. Pero aunque no lo crean esos grupos existen. Y a mi se me figuró que tal vez estas muchachas entraban en esa categoría para el Grammy, Alternativo Regional Mexicano Duranguense. Pero en eso leí la letra chiquita y caí de espaldas.

Ellas son de esas damas oscuras de la noche que gustan de llamar a su banda "Costra", "Pus" "Esmegma" o "Chipote con sangre" y tocan música ruidosa para desesperar a su mamá. Las malinterpreté, tal vez sí es cierto eso del "Como te ven te tratan". Pero anden, díganme qué nombre les habían puesto con sólo ver la foto

Violet Flame