Wednesday, May 09, 2007

Yo no fui con Spencer Tunick. Fue otro que se me parece, pero no tiene tan bonitas nalgas.

Y no es que me faltaran pantalones, cosa que en este caso resultaría particularmente útil. Fue sólo que conozco el efecto que estas carnes al desnudo pueden provocar en los simples mortales y no quise que corriera la sangre y se despedazaran por alcanzar el más ligero roce de mi piel. O bueno, igual y sí fui, pero a ver encuéntrenme entre esos 20 000 púbises mal rasurados. ¡Ah, que bella oportunidad me ha dado la vida para preguntarme cuál es el plural de pubis! De donde iba yo a sacar otro contexto para hablar de 20 000 púbises. Vaya, estoy seguro que el plural de pubis es pubis, pero qué diantres, eso es aburrido, en cambio púbises suena tan incorrecto, tan cacofónico y bestial que no deja de fascinarme.

¡Púbises! ¡Púbises! ¡Púbises!

Dejen hago memoria. ¿Fui o no con Spencer Tunick? A ver...

"Subí al microbús justo después que otro muchacho lo hiciera. El sol se había metido hacía poco y el cielo conservaba aún su luz transformada en los más bellos tonos de morado y violeta que pronto darían paso al acostumbrado azul marino del cielo nocturno, así que no podía dejar de mirarlo mientras lo tuviera enfrente. El tipo que subió antes de mí venía de uno de esos centros de ayuda para jóvenes adictos y pedía la colaboración desinteresada con una moneda que no afectara nuestra economía, al tiempo que ofrecía las últimas paletas de una bolsa con el hocico arremangado de tal forma que los buenos samaritanos metieran la mano y tomaran un dulce en retribución a su gran corazón.

Cuando notó mi presencia atrás suyo, se hizo a un lado y pude meterme en el apretado y único asiento que quedaba junto a una señora gorda completamente desparramada en ese pequeño espacio. Como pude me acomodé entre sus protuberancias y con las rodillas pegadas al pecho y la tibia señora gorda a mi lado, terminé de escuchar su mensaje de amor cristiano. Mas cuando quise, no pude cooperar a su causa pues no podía entrar a mis bolsillos por estar tan chueco y apretujado. Su voz era calmada y profunda, vestía una camiseta roja desgastada que cubría un cuerpo enjuto y apretado que supuse conservaba de un pasado de drogas y heroin chic.

Algunas personas cooperaron a su causa, entre ellas una ahorrativa mujer acompañada de 5 niños quien después de haber dado algo así como 75 centavos, apuró a sus chamacos a tomar paletas de la bolsa que quedó vacía ante la incrédula cara del joven, que sólo atino a hacerla bolita entre sus manos y meterla en la mochila que llevaba, para de inmediato desaparecer en la parte de atrás. La culpa me invadió al enfrentar la indiferencia con que había tratado a este paladín de la lucha antinarcóticos y en ese flagelo me encontraba cuando el aire se invadió de un fresco aroma cítrico.

Pero no era aquel perfume de las flores de naranja reposadas por dos noches a la luz de la luna que Louis XIV salpicaba en su peluca y perfumaba los corredores del Palacio de Versalles en la segunda mitad de su vida, este aroma tenía el toque artificial del aldehído y fijador barato con olor a miados que usan hoy en día. A pesar de ello, recordóme de tiempos muy felices en palacio, cuando después de una juventud plagada de excesos olfativos, la nariz de Louis no soportaba otra cosa que "la fleur d'oranger" y yo corría encuerado por la Galería de los Espejos y el Gran Trianon. Cuando ser un tirano no estaba mal visto y lo único indispensable para serlo era la incuestionable voluntad de Dios que te había hecho retoñar en esa cuna absolutista"

En fin, que el aroma aquel llamó mi atención y cuando voltee buscando su procedencia descubrí a una figura que me pareció familiar. Y ahí estaba, dándose un copioso baño de perfume, aquel muchacho que desesperado antes había pedido una ayuda, pero su ropa ya no era vieja y descolorida, ahora vestía las mejores ropas que una ayuda desinteresada pueden comprar. Y así, ayudado de los afeites y vestidos que traía en su mochila, se transformó de mendígo a príncipe frente a los ojos incrédulos de la gente del microbús. No lo juzgo. Si uno no empieza por ayudarse a sí mismo, dificilmente podrá ayudar a los demás. Tal vez esa es su identidad secreta y el otro es su disfraz de héroe nacional. O al revés.

15 comments:

Juan Lopez said...

No deja de sorprenderme la habilidad que tienes para escribir...me tienes muerto de la risa con este post.....cuidate y un abrazo......PRESENTE

Corriendo despacio said...

A riesgo de sonar necio: ¿No fue verdad? Porque se de un caso en que si fueron, y me pertubo mucho.

Anonymous said...

que pasa !!!! no se puede comentar tengo toda la mañana tratando y nada!!!

acomedido que es acomedida;) said...

sorry, la de antes era yo que no podia comentar y ya me habia deseeperado. Me refascina cuando escribes largo, de todas maneras se me va como agua. Voy a poner tus posts en un librito para leerte todo por donde ando. oye cuentame mas de Luis XV si?


Nunca nos dijiste si fuiste con los desnudos o no para buscarte en los periodicos;)


te anunciare en blogs mexico!

Mozi said...

Y al final fuiste o no???

Elizabeth said...

:) presente!

saludos Gonzalo ;)

Jorge Pedro himself said...

soñé contigo, que te golpeaban y a ti no te importaba. jejejé. saludos.

Sunflower said...

Hola Gonzalo! Muy buen post, no me canso de leerte...

Saludos!

Anonymous said...

uhy!


pos segun yo te vi alli. Y no me decepcionaste! Papi! Deidad! Apachurro!

Aniux said...

No no no, ibas bien, la cosa poetica y todo eso, al final te desbocaste, estuvo rre chafa...

Ahora si que me hiciste perder el tiempo, NO MAMAR !!!!!

gnomoshky said...

Gonzalo, pues deja te digo yo como fue mi encuentro con la desnudez mexicana, ante el intento artístico de lucir los cueros, expuestos en el frío piso del Zócalo y sus miles de miados de antaño que intentaron vender la idea de estar eliminados con una sóla noche de limpiado:
"Todo comenzó con un fallido concierto de mi amadísimo Colectivo Cats, en el cual cinco individuos y yo, fuimos los únicos asistentes al concierto-prueba de sonido de éstos eclécticos músicos, una vez analizada la situación de que no convenía tomar cerveza en un lugar vacío, nos armamos de valor para ir a un lugar de maricones y poder bailar pésimo intento de música y seguir, por mi parte, embriagándome... pero ésto tuvo un rayo de conciencia "si me animo a ir a la toma fotográfica, no me dejarán ingresar por estar en estado inconveniente, mejor dejo de tomar". Llegando al bar-puñal, pues nada, que me ganó la visión romántica de sus luces ochenteras rosas y la pésima acústica que terminé regalándome una deliciosa cerveza... y otra... y otra...
El chiste es que no me puse borracho, simplemente me dio diarrea, por lo que decidí no ir al Zócalo, ¿y si me daban ganas en plena desnudación?, ¿y si no podía contenerme? no iba a tener pantalón que me disimulara el chorrito traicionero...

FAUSTO said...

Pues yo si fui. estuvo de poca madre....

hace días anuncie una colecta para tratamientos de depilación láser y anti celulitis y todo lo que termine con itis.


abrazo.

::†×¡ßaLßa †:: said...

pero entonces dime... fuist o no?? ya no entendi, me perdi.

ikktus said...

por supuesto que fuiste!!!!

ninguna celebridad, intelectual, morboso, voyeurista ni amo del universo pudo haber faltado a semejante acontecimiento.

a mí tampoco me gusto el final de este post.

espero el próximo que seguro será bueno.

Rubén said...

A mí tampoco me gusto el final del post, por eso solo leí la mitad.