Tuesday, May 22, 2007

Contacto sangriento

Discutía yo el otro día acerca de la conveniencia de hacer a los hijos de los que uno es conducto, partícipes de actividades diversas de la misma forma en que nosotros lo fuimos, victimizados por padres que compensaban la falta de armonía intrafamiliar con hartas lecciones de piano, karate y equitación. Y defendía a ultranza el valor de las actividades artísticas sobre las deportivas, pues según yo alimentan el espíritu y es más fácil ganarse la vida tocando el piano en un burdel de mala muerte, que hacerlo dando demostraciones de mal karate en un burdel de mala muerte.

Pero ahora que lo pienso no estoy tan seguro. Antes que nada déjenme aclarar que esos hijos de los que soy conducto viven aún en el plano de lo astral e hipotético, pues éstos mis conductos, sólo tienen un propósito recreativo y no reproductivo hasta nuevo aviso. De cualquier manera hay que ser prevenido para que no lo agarre a uno la vida con prisas y apuraciones. Así que volvamos al tema. Decía yo que discutía si las actividades artísticas eran mejores que las deportivas o ambas eran una absoluta pérdida de tiempo.

Entonces recordé cuando un día de tantos en mi infancia, encontrábame yo en ese estado de contemplación propio de aquel libre de pecado, ése que no sabe nada de la carne, pero puerco se lo imagina. Y cómo aquel ensueño fue interrumpido por una invitación "a la calle".

Ahh, la calle. Uno como niño ya sabe que el arrabal y los callejones pueden ser fuente de grandes diversiones, así que no pude negarme y me preparé a la aventura. Pero del coche me bajaron directo a un extraño sitio. Algo andaba mal, podía sentirlo. Entonces mamá me llevó de la mano hasta un lugar muy grande con un penetrante y perturbador olor, donde después de entrar dijo:

Mamá: - ¿Te acuerdas que te dije de las clases de Tae Kwon Do?

Gonzalo, 7 añitos: - Mmm. No. Espera, sí me acuerdo. Y también me acuerdo que te dije no gracias, que si querías hijos atletas, tuvieras otros, aún eres joven y puedes rehacer tu vida.

Mamá: - Ah, pues ésta será tu primera lección.

Mis súplicas fueron inútiles, y así con mis siete añitos, tan chiquitos ellos, fui abandonado en un inmenso gimnasio en el que todos estaban descalzos y que contra todo sentido común, estaba cubierto de esquina a esquina por una alfombra azul en la que generaciones de taekwondoínes habían dejado su huella odorífera en un penetrante aroma a queso y hule. Horrible.

Por si esto fuera poco, mi maestro era el presidente de la federación mexicana de la especialidad, cosa que me venía valiendo un cacahuate pero que parecía despertar gran respeto entre la gente grande. A mí lo único que me importaba era que el tipo era muy malencarado y tenía una cicatriz que le atravesaba el cuello de un extremo al otro como si le hubieran hecho un transplante de cabeza o tuviera un cierre tipo mameluco, además se ponía una cadenita que sólo hacía la tasajeada más evidente. Mis clases eran martes y jueves. Me aburría tanto y lo pasaba tan mal, que a pesar de los años y que dejé el Tae kwon do mucho tiempo atrás, esos dos son mis días menos favoritos de la semana. Y en ellos suelo romper tablas con la cabeza y patear traseros inocentes.


Pero eso no fue todo.

9 comments:

Alice said...

pero eso no fue todo...
que mas????????????
:S

Anonymous said...

no nos dejes asi caray!

Corriendo despacio said...

"taekwondoínes" A mi esa palabra me gusta. Las actividades artísiticas no solo alimentan el alma, también vuelven putos a los hijos... Pregunta y veras.

Elizabeth said...

Siii cuenta que mas paso!

Saludos Gonzalo y presente!

acomedido que es acomedida;) said...

queee paso entonces!!!

ay esta bien, me conformo con este pedacito por ahora

por ahora!


que lo sepan en blogs méxico!

Pixie said...

ahh yo quiero opinar pero lo haré hasta que escribas la secuela (si es que la hay)

Juan Lopez said...

Presente.......saludos a todos

obtusa said...

cuentanos si fuiste futbolista! ¿o eres?

Rubén said...

Jajaja a mí tampoco me gustaba ir al taiguando, ni me gustan los martes y jueves. ¿Debo empezar a romper tablas?