
Imprímanlo, digan mi nombre a Su Majestad y los dejarán pasar.
Este era uno de esos posts crípticos y sin comments, pero mientras re-escaneaba la invitación de arriba en un enfermo afán perfeccionista, alguien tuvo a bien comentar. Su comment y su osadía quedarán atrapados para siempre en la noche de los tiempos y en esa función de blogger que dice:
No permitir, mostrar existentes.
--------------------------------
UPDATE.
Mientras escribía esto de arriba y sometía a ese pobre comment a las llamas eternas del encierro, alguien más comentó, lo que me obliga en medio de este post que no es post, a confesarles lo extraño que fue que hace un rato que me conecté al messenger no hubiera un solo contacto conectado. Nunca me había pasado. Ya sé que son las cuatro de la mañana, pero siempre hay alguien en Holanda o Mónaco o Australia dando señales de vida, además de unos cuantos desvelados crudos mexicanos llenos de culpa. Hoy no. Ni siquiera sabía que cuando eso sucede, aparece la palabra ninguno abajo de el letrero de En linea, más o menos así:
En linea
Ninguno
El messenger me ninguneó. Desde el lunes que la gente regresó de vacaciones, me pareció que las calles estaban vacías por la noche y en internet no había tanta gente conectada. Pero justo cuando pensé confirmada mi teoría acerca de como la dosmilochava resurrección del Hijo del Hombre había curado de insomnio a los hombres de buena voluntad y creí podría subir una mejor imagen antes de cerrar los comments, me he llevado tremenda sorpresa.
Ahora no sé si cerrarlo o seguir escribiendo aquí lo que venía a escribir, que evidentemente no era esto.
En fin, siguiendo con las sincronicidades, desde muy pequeñito este blog, o tal vez debo decir, desde recién nacido, pues aún es pequeño, tuve la extraña fortuna de encontrarme con gente en la calle que me reconocía. Personas que me leían y por las fotos y esta inconfundible belleza que me caracteriza me identificaban. Y le llamo extraña fortuna porque en esta ciudad de 20 millones, suena imposible que ese tipo de casualidades tengan lugar, pero así es.
Y algo que siempre me llenó de curiosidad, era saber qué había pasado por sus cabezas en ese encuentro y cómo había correspondido la imagen que frente a sus ojos tenían, con la que en sus mentes habían construído a partir de lo que aquí leían. Desde lo más sencillo, como la altura, color, edad, complexión, estructura ósea e impresionante masa muscular, hasta los oscuros recovecos del alma o la ausencia de ella que pudieron percibir a través de mis ojos.
Mauricio es aquel hombre que conocí una mañana en el metro Polanco sólo días después de que empezara a comentar aquí como anónimo y que entonces se acercó a mí y preguntó:
Oye ... ¿Tú te llamas Gonzalo? ... ¿Y escribes un blog?
Y sí era. Y ahora él tiene
blog. Y a partir de entonces seguimos en contacto, como con la bella
Di, aquella que encontré en la Cineteca Nacional el mismo día que había comentado aquí por vez primera, pero con la que sólo pude cruzar una mirada incrédula frente a un aparador lleno de pastelillos de zanahoria.
No podía ser. Pero sí era.
Y por eso desde entonces les pedí que cuando acaso me cruzase en su camino, apretaran fuerte el crucifijo y se animaran a pronunciar mi nombre, aunque nunca tres veces juntas, sopena de muerte o desaparición. Y que después de hablarme, me contaran sus impresiones. Entonces, después de mucho tiempo, Mauricio escribió:
Qué tal Gonzalo, he andado de vacaciones y no me he dado rondas por tu blog para saludar siquiera, sin embargo me topé con este video y no pude evitar acordarme de usted y de la pregunta que me hizo una vez:
¿Cómo me ve, me imagina, la gente que me lee? ... en mi caso es algo muy parecido a esto:
Qué risa que me dio.